Este es el trabajo que presenté para el módulo Educación y Trabajo en la Sociedad del Conocimiento en el mismo máster de la UNED. (NOTA: No sirvió para aprobar el módulo ya que no se adecuaba a los contenidos del mismo. Igualmente lo cuelgo por el interés de la temática)
Una aproximación histórica desde lo social
Introducción
La crisis de la ciudadanía laboral acaecida paralelamente a la crisis de la modernidad y la aparición de la postmodernidad, lleva a una fragmentación e individualización de la sociedad y a la desmembración de la lucha colectiva universal. Incluso la misma idea de colectividad universal está en crisis por los muchos particularismos que han aparecido a partir de los movimientos sociales de los años 60[1].
Además, la precarización del mercado – digo mercado – de trabajo hace que sean los individuos quienes conforman o intentan conformar sus propias biografías laborales con lo inestable como característica principal.
Y más en el extremo de la precarización aparece el fenómeno de la exclusión social. Empujados a los márgenes – con suerte – o directamente fuera de la sociedad, un gran número de ciudadanos habitan fuera de esta condición y son expulsados de la misma idea de ciudadanía.
Este fenómeno, creciente y sin atisbos de superación, se da en todos los países pero afecta mucho más a los llamados de la periferia o, con suerte emergentes o en vías de desarrollo – en este trabajo a los países como Argentina los llamaremos dependientes.
La suma de estos fenómenos ha configurado las sociedades de principios de siglo caracterizadas por la revolución tecnológica – sin llegar a la sociedad del conocimiento- , la desregularización laboral, la globalización, la idea de pensamiento único o fin de la historia, y, lo que da título al trabajo, la fragmentación de la sociedad.
Así entonces uno de los objetivos de este trabajo es observar, caracterizar y encontrar su génesis en el caso particular de Argentina.
Además se pretende caracterizar las singularidades que ha presentado este fenómeno en el país para poder entender la actual fragmentación de la sociedad argentina que, si bien sigue parámetros históricos parecidos al resto de sus vecinos y otras sociedades occidentales, tiene unos particularismos fruto de su convulsa historia.
Así se intentará demostrar una de las tesis de este trabajo: Lo que significó el peronismo, sobre todo en su primera etapa, ha dejado un pósito en el imaginario colectivo argentino con algunos valores asociados al trabajo y a los derechos sociales que obran como un asidero entre las clases más bajas. Este asidero, a diferencia de las favelas de Río de Janeiro u otros enclaves en América latina, evita la fractura de la sociedad y que una parte de ella viva en un armazón fuera del estado en una sociedad paralela con otros códigos.
Los mismos movimientos piqueteros, tan denostados en el país, dan sentido y significado a las luchas por los derechos dentro del estado. Son una salvaguarda de la cohesión de la sociedad frente a la fragmentación[2].
Es desde esta óptica que se dará especial hincapié a la historia de la “cuestión social y laboral” en Argentina estudiando los principales hitos que la conforman: estado oligárquico y gremialismo a principios de siglo, el peronismo como momento bisagra, las crisis económicas de los 70 y 80 llegando a la desregulación triunfante durante los gobiernos de Carlos S. Menem.
Habiendo entendido la génesis del estado neoliberal postmoderno y la evolución de la cuestión social y laboral nos adentraremos al estudio de la fragmentación actual de la sociedad argentina y la pobreza y exclusión que son parte consustancial de la misma.
Finalmente nos acercaremos a lo que creemos es aún un nexo de unión de la sociedad y un espacio donde se juegan muchas cosas no solo del presente sino del futuro: La escuela pública argentina.
Ésta, aún en las muchas posibles críticas que se le pueden hacer, creemos que es clave – aunque parezca una voz más que apela a “lo mismo” – para encontrar espacios superadores de la fragmentación y las oportunidades para poder crear otros modelos ya dentro de la posible sociedad del conocimiento.
La cuestión laboral en la historia de Argentina
Como decíamos en la introducción empezaremos con el estudio de la cuestión laboral en la historia de Argentina. Iremos aportando algunos datos concretos y, a partir de ahí, iremos reflexionando sobre el desarrollo de la misma.
La idea de Argentina en la constitución de 1853
Aunque Argentina empieza la emancipación de España en 1810 y lo consigue el 9 de julio de 1816, el país está lejos del armado que puede verse hoy en día. Son bastantes decenios los que lleva a estructurar el país y darle forma institucional.
A mediados de siglo XIX nos encontramos con la presencia de las ideas ilustradas, confianza en el progreso y un “mirar hacia Europa” constante por parte de los ideólogos de la primera constitución del país.
Alberdi y Sarmiento proponen un estado liberal con los valores sobre todo ingleses y reniegan del indio y de todo lo que pueda ser aborigen. Incluso el “mestizo” es visto con mal ojo y solo lo europeo tiene valor de modernidad contra la barbarie. Civilización y barbarie son los dos conceptos que se anteponen constantemente.
Transcribo a continuación uno fragmentos del filósofo argentino José Pablo Feinman en el comentario de su prólogo del Facundo, uno de los libros principales del político, escritor y pensador Faustino Sarmiento. Estos comentarios nos pueden dar una idea de lo que planteaban las élites de mediados de siglo.
Más adelante veremos cómo parte de estas ideas se llevaron a cabo aunque de un modo sesgado dando lugar a los gobiernos oligárquicos que dirigirían el país durante varios decenio hasta bien entrado el siglo XX :
Sarmiento (junto a todos los ilustrados de su tiempo) veía en la introducción de la técnica de la modernidad en el país la única posibilidad de su desarrollo histórico. Era simple: había un único decurso histórico y era el que seguían los países de la centralidad occidental. Unirse a ellos, seguirlos, adquirir sus técnicas de progreso, sus bases culturales y -sobre todo- eliminar a quienes en el país se les oponían era la tarea que hacer.
José Pablo Feinman “Facundo Filósofo” (consultado en 15/08/2009) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3443-2009-05-26.html
Alrededor de 1880, una generación después de escrita la constitución, se produce la “Campaña del desierto” en el que se ganan al indio grandes extensiones al sur de Buenos Aires y la Pampa. Estas campañas, financiadas por los terratenientes bonaerenses y la pequeña clase comerciante, amplía el poder de lo que se denomina la oligarquía. Vencidas las rencillas entre las provincias y Buenos Aires, la ciudad pasa a ser capital del país y se unifican la moneda y el ejército. Desde ese momento empezarán a instaurarse los gobiernos oligárquicos que se extenderán por varios decenios.
En este contexto es donde debemos focalizar el surgimiento de la cuestión social en la Argentina. Por un lado tenemos a la oligarquía basada en un modelo agro exportador. Por el otro la inmigración que llegó al país trayendo consigo las ideas revolucionarias que corrían por el viejo continente.
Empezando por la oligarquía dominante, siguen a estas líneas un comentario del mismo Feinman que caracteriza el comportamiento de la clase terrateniente que gobernó el país sin fisuras hasta principios de siglo XX e incluso, de formas más veladas, presente hasta mediados de siglo.
Taller del mundo, Inglaterra. Granero del mundo, Argentina. Este esquema dará origen a una clase ociosa, dispendiosa, que se acostumbrará a gozar de la abundancia fácil. Esta será la Argentina próspera de “nuestros abuelos” que la oligarquía gobernante evoca como el paraíso perdido. Estaba destinado a perderse. Luego de la crisis del ‘29 los términos de intercambio se inclinan drásticamente a favor de los productos manufacturados y no de los primarios. El granero del mundo, la tierra de “los ganados y las mieses”, se derrumba sin piedad.
José Pablo Feinman “Facundo Filósofo” (Consultado en 15/08/2009) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3443-2009-05-26.html
Gobiernos cuya alternancia no era de modelos sino personalista, teniendo un Congreso muy poco operativo en temas sociales: Poca atención a las leyes educativas, improvisación, poco rigor en los análisis, ceguera ante la inminencia de los conflictos sociales[3].
Los gobiernos de finales de siglo XIX y principios del XX no toman en consideración las problemáticas sociales que se avecinan y reaccionan siempre con represión ante los primeros conflictos sociales que aparecen.
Como veremos más adelante, existe desde 1904 una propuesta en el Congreso por parte del único diputado socialista, Palacios, que pretendía regular las cuestiones laborales y, de este modo, atenuar el malestar e inminencia de los conflictos sociales. Se pretendía actuar en positivo y anticipándose a los conflictos[4].
Posteriormente, el mismo ministro de trabajo, Joaquín V. González, presenta al Congreso una propuesta de ley laboral muy interesante y que pretendía regular las relaciones laborales en el país y desactivar la conflictividad que iba en aumento.
Hasta ese momento, los diferentes gobiernos siempre habían reaccionado con represión ante el movimiento obrero. La entrada en el congreso del proyecto del ministro González[5], aunque no prosperó, indica un cambio en la sensibilidad social por parte de algunos diputados y, por ende, de la clase dominante de la época.
Por el lado de los trabajadores tenemos uno de los fenómenos que marcarán la historia argentina: la inmigración europea. Ésta, entre otras cosas, trae consigo las ideas sociales que estaban convulsionando el viejo continente: socialismo, comunismo, anarquismo junto con el sindicalismo y la cuestión revolucionaria.
Los gobiernos de finales del siglo XIX se habían dado cuenta del problema de la despoblación argentina y la falta de mano de obra tanto en cantidad como cualificada. La ley de educación, conocida como ley 1420, que consagraba la enseñanza primaria obligatoria, no daba aún sus frutos y el analfabetismo era del orden del 70% en al población argentina del momento.
Estas condiciones llevan a los gobiernos ha impulsar y facilitar la inmigración desde Europa dando como resultado la entrada en el país de más de cuatro millones de personas. Éstas se venían a sumar a los escasos dos millones con los que contaba la Argentina de la época.
Con los inmigrantes llegan también las ideas revolucionarias en boga y se fundan diferentes hermandades o grupúsculos por nacionalidades con ideas socialistas, anarquistas y sindicalistas.
Así se funda el primer sindicato en 1881, el de telegrafistas, seguido por uno de los más importantes por la cantidad de afiliados y la repercusión en todo el país, la Fraternidad ferroviaria a imagen de las uniones británicas. Es común pero en estos primeros momentos la creación de asociaciones de socorro mutua de ayuda ante los problemas agrupadas por nacionalidades de origen.
Poco a poco, pero, las ideas del movimiento obrero van calando entre los primeros trabajadores de los talleres – instalados en Buenos Aires y su conurbano sobre todo.
La cuestión laboral. Un periodo concreto: 1902 – 1915
Tomo este periodo por que es significativo para el desarrollo de la cuestión laboral siguiendo a Ernesto A Isuani (Isuani, 1985). Se inicia en 1902 con la presentación en el Congreso de una primera propuesta de ley que aborda los temas de conflictividad social por parte de los diputados Roldán y Avellaneda y termina con la aprobación de la primera ley que permite y obliga a la cobertura por accidentes de trabajo.
Este periodo nos es útil para mostrar cómo la irrupción de la problemática social, al igual que en otros países, demanda acciones por parte de los gobiernos. Particularmente, en el caso argentino, nos ilustra el largo camino desde las primeras propuestas para regular una de las demandas más críticas del conflicto social – el seguro por accidente – hasta la promulgación de una ley que reconoce ese derecho.
A finales del XIX y principios de siglo, como comentábamos en el apartado anterior, la economía argentina, con la introducción de industria sobre todo ligada a la actividad agropecuaria, experimentaba un auge que demandaba gran cantidad de mano de obra. Esta mano de obra llegó de Europa, principalmente de Italia, seguida de España[6].
Esta llegada masiva trajo a la par reivindicaciones sociales, conflictos de intereses y la aparición con carta de ciudadanía de la clase obrera. La clase obrera empezó a organizarse, como veremos en el capítulo siguiente, y a pujar por sus intereses en la sociedad argentina.
La oligarquía en el poder desconocía esa puja y reaccionaba solo de forma represiva ante cualquier violentación del status quo. La conflictividad con huelgas y actos reivindicativos – sobre todo se reivindicaban cuestiones salariales, el tiempo de duración de la jornada de trabajo, el descanso dominical, la prohibición del trabajo de mujeres y menores en según que trabajos peligrosos y, muy tímidamente, por un seguro laboral en caso de accidente[7] – enfrentó a la clase dominante poco dispuesta a ceder en esos terrenos.
Pero la situación se estaba volviendo demasiado explosiva en los años 1901 y 1902 y desde las élites se empezó a pensar en alternativas a la represión. Es en este marco que se presenta un proyecto de ley laboral en el Congreso acompañada o justificada por el siguiente comentario de uno de los diputados – Roldán – que la presentaba:
“Gobernar es prever… la cuestión obrera puede asumir caracteres doblemente peligrosos… encogernos de hombros ante la voz que sube, no inspirarnos en el propósito de evitar protestas posibles por medio de leyes previsoras es indigno de nuestras conciencias, de nuestros deberes y de nuestros sentimientos”. (Isuani, 1985:49)
La iniciativa ni siquiera llegó a ser tratada en sesión. Incluso contrariamente al espíritu de esa propuesta, y ante la gravedad de los hechos que se iban produciendo, el gobierno aprobó una ley, llamada “Ley de Residencia”, que permitía expulsar del país a los emigrantes que podían liderar huelgas, hacer sabotajes o, simplemente, ser sospechosos de simpatía con el movimiento obrero.
Fue una herramienta de la clase gobernante para sacarse de encima a los elementos díscolos sobre todo en el campo anarquista. La ruptura de la gran central obrera FOA – veremos en el capítulo siguiente los avatares del sindicalismo en el país – permitió estigmatizar a los anarquistas frente a los gremialistas de filiación socialista que aceptaron el juego del Congreso. Aún con estas estrategias se seguía sin ley laboral y la conflictividad iba en aumento.
En 1904, desde las mismas filas del gobierno, el Ministro del Interior Joaquín V. González presentó una propuesta de ley general del trabajo. Esta propuesta era ambiciosa y con claras intenciones de tomar “el toro por los cuernos”. Tenía pero, en sus disposiciones, algunas cláusulas que daban arbitrariedad a los empleadores frente a los obreros y tenía, además, una serie de capítulos que perfilaban las prohibiciones de los obreros y cuando podrían ser apresados. Estas últimas disposiciones eran lo suficientemente abiertas para dejar en manos del estado la interpretación de los hechos dejando, una vez más, en precario a los obreros. Esta parte de la ley estaba pensada sobretodo contra los anarquistas y su negativa a aceptar las normas del estado.
Esta norma, aunque se trató en el Congreso, no avanzó ya que muchos diputados se declaraban incapaces de legislar sobre la materia. Aparece en este horizonte la figura del diputado socialista Palacios, que aunque acompañó la comisión que preparó la ley después criticó que se quedara corta. Aún así, fue el diputado que más empujó para la aprobación de una buena legislación para los trabajadores.
Cabe resaltar pero que la ley tuvo una derivada significativa. Se creó, a partir de la propuesta, el Departamento Nacional del Trabajo (DNT), un organismo dependiente del Ministerio del Interior con la voluntad de estudiar bien el problema social y aportar soluciones. En un escrito dirigido al Congreso, el presidente Roca decía sobre la creación del Departamento:
“El DNT ha recibido encargo de reunir, coordinar y publicar estadísticas e informaciones relativas a las condiciones del trabajo en la república y los medios de promover la prosperidad material, social, intelectual y moral de los trabajadores. La necesidad de legislar sobre estos asuntos es notoria. Se producen a cada momento en las fábricas, talleres y establecimientos mercantiles, contiendas graves que paralizan la producción o el comercio, dificultan la vida, siembran el malestar y aún perturban el orden público… Conviene que nosotros no descuidemos tampoco este asunto, que afecta tan hondamente los intereses permanentes de la nación y que procedamos como los países que nos han precedido en este camino, estudiando los hechos, buscando en la realidad las verdaderas condiciones y motivos de los problemas sociales, y dictando, en seguida, leyes prudentes y previsoras que respeten todos los derechos y aseguren el bienestar general” (Isuani, 1985:67)
Más allá de las grandes palabras que pueden caracterizar un discurso, nos informa que la cuestión social, aunque no se enfrentase con una ley como la propuesta por el Ministro González, sí formaba parte de las preocupaciones políticas del momento y que, eso es lo más importante, se superaba la represión como única vía de solución.
Por desgracia, e igual que propuestas anteriores o iniciativas en otros marcos – leyes en el campo de la educación – la desidia y el desinterés dejaron si efectos tales iniciativas. El DNT nació sin presupuesto y sin tener claras sus atribuciones. Y las que tenía no las podía cumplir volviéndose en una herramienta inservible para su propósito y sólo engrosaba las filas de la burocracia. El gobierno seguía sin dar respuestas no represivas a la cuestión social.
Unos hechos trágicos pero vendrían a dar un empujón a que, por fin en la Argentina, apareciese algo parecido a una ley laboral. En 1910 se celebraba el primer centenario de la independencia del país y había preparados lujosos actos de conmemoración. Ese año pero, alrededor del primero de mayo, hubo varias movilizaciones que terminaron con varios obreros muertos. Se siguió a estos hechos una oleada de huelgas que fueron respondidas con más represión y más muertos. El centenario se cubrió de sangre.
Ante estos hechos y el creciente malestar indujeron al gobierno a tomarse en serio la cuestión social más allá de gestos y meras palabras. Primero se promulgó la conocida ley Sáenz Peña sobre el voto universal, obligatorio y secreto (sólo masculino). Esta ley permitía la aparición de gobiernos elegidos realmente en sufragio universal (masculino insisto) con lo que “ganarse el voto” de las clases más populares demandaba propuestas en el tema laboral y social. A partir de 1912 hubo una “fiebre” por entrar propuestas laborales en el Congreso.
Socialistas y radicales (UCR) pugnaban por el voto de los obreros con propuestas de seguro de accidente entre otras mejoras. Pero no fue necesario esperar al gobierno radical de 1916 para por fin contar con una ley que obligaba a los empleadores a tener un seguro por accidente y pagar los costos e indemnizaciones necesarias para sus operarios heridos.
Después de las elecciones parciales a diputados que ganaron los socialistas, éstos empezaron a presentar, en la figura del ya mencionado diputado Palacios, iniciativas de ley laboral y de cobertura de accidentes.
Finalmente, el 29 de septiembre de 1915 se aprueba la primare ley que permitía la cobertura social en la Argentina sancionada como Ley 9688.
Entonces, recapitulando, en este apartado hemos visto cómo nace y de qué manera se maneja la cuestión social en la Argentina. Hemos visito que las iniciativas de los gobiernos siempre van detrás de las pujas y conflictos presentados por la clase obrera. La represión siempre fue la primera medida aunque se fueran dando cuenta, paulatinamente, que era necesario buscar alternativas para poder seguir teniendo gobernabilidad en el país.
El periodo tomado, que se basa en un análisis de un libro de Ernesto A. Isuani, revela los – parafraseando el título – orígenes conflictivos de la seguridad social. Iremos viendo en lo venidero cómo se ha ido desgranando el camino a través de la historia singular del país en el marco más general capitalista del siglo XX e inicios del XXI.
El sindicalismo hasta la llegada de Perón
En el capítulo anterior hemos visto la génesis de “lo social” con una cronología concreta de su instalación en el país. Lo que pretendemos en este apartado es ofrecer una pincelada de la aparición y su posterior evolución del hecho gremial hasta la llegada de Perón que, como se verá más adelante, marca un antes y un después en la historia argentina.
Ya avanzamos la creación de las primeras asociaciones mutuales entre inmigrantes así como la creación del primer sindicato de telegrafistas en 1881. También fue importante la creación de diferentes grupúsculos de intelectuales de diversas nacionalidades que trataban las ideas revolucionarias traídas desde Europa.
Así mismo, la creación de la Fraternidad ferroviaria, a imagen de las grandes uniones norteamericanas, lo convirtió en el sindicato más grande y más extendido del país siendo un hito para el gremialismo del país.
Como en diferentes lugares del mundo capitalista, se reconocían tres grandes tendencias en el sindicalismo: El anarquismo, el sindicalismo y el socialismo. El primero siguiendo los postulados de Proudhom y Bakunin, el segundo optando por la lucha vía gremial negando la participación política en el Congreso y, por último, la vía socialista aliada con las propuestas de esta corriente en el Congreso y dándole carta de opción al juego político liberal.
Pero tenemos que en un momento de fuertes convulsas sociales – las relatadas en el periodo explicado en el anterior capítulo – y a raíz de un congreso obrero se unen las diferentes corrientes creando un sindicato unificado. La Federación Obrera Argentina (FOA) se funda en el 25 de mayo de 1901. Se aprobaba la siguiente declaración:
“(La FOA) no tiene compromisos de ninguna clase con el partido socialista ni anarquista, ni tampoco con partido político alguno, y que su organización, desarrollo y esfera de acción es completamente independiente y autónoma y que la organización de este congreso acuerde es pura y exclusivamente de lucha y resistencia”. (Isuani, 1985:45).
La unión de los trabajadores pero duró poco ya que en el segundo congreso celebrado en 1902 los socialistas decidieron abandonar la federación en manos de los anarquistas. El número de delegaciones retiradas da una visión de la correlación de fuerzas en el sindicalismo de esa época. Se retiraron 1.780 gremios permaneciendo en la federación 7.630.
Los gremios de inspiración socialista que se retiraron fundaron, en 1903, la Unión General de Trabajadores (UGT). Así, ya se ve perfilada la división gremial en la Argentina de principios de siglo: La FOA, anarquista y la UGT socialista con sindicalistas no anarquistas.
La FOA – que en 1904 añade la palabra Regional convirtiéndose en la FORA – aboga por no pactar con el gobierno en las propuestas de leyes de trabajo, postula la huelga y el sabotaje como acciones directas en la lucha obrera y no concibe la participación política a través del Congreso.
La división continuará aunque aparecen nuevos nombres en el devenir histórico. Como comentábamos anteriormente, los hechos trágicos alrededor de la celebración del centenario llevaron a la propuesta de unificación de los dos grandes sindicatos argentinos. La FOA y la UGT decidieron en un congreso de 1909 unirse para mejor representar los intereses de los trabajadores frente a la violencia represiva del gobierno. Esta unión devino en la aparición de la Confederación Obrera regional Argentina (CORA).
La verdad es que tal unión no fue certificada por los gremios de la FOA y la división se volvió a hacer presente con la FOA, anarquista, por un lado y la CORA, socialista y sindicalista revolucionaria por el otro.
De este modo, y a grandes rasgos, el sindicalismo en la Argentina transitó hasta la década de los veinte donde iban a cambiar algunas cosas, sobre todo en la correlación de fuerzas. Cabe solo añadir que las dos centrales sindicales rechazaron la ley de seguridad laboral que se mencionó en el capítulo anterior por insuficiente.
La violencia y convulsión iban en aumento tanto por parte obrera como por parte gubernamental. La represión era continua destacando dos hechos significativos. El primero es lo ocurrido a principios de 1919 y que son conocidos como la “semana trágica” (nada que ver con lo acaecido en Barcelona en 1909 y que lleva el mismo nombre).
Debido a una huelga prolongada en el tiempo que amenazaba la exportación de grano – la Argentina oligarca como granero del mundo – se pidió la intervención no solo de la policía sino del ejército. El saldo de muertos fue importante pero sobre todo lo fue la irrupción del ejército en la historia política del país.
El segundo es la represión ante los levantamientos obreros acaecida en la Patagonia en 1921. La Patagonia trágica o la Patagonia rebelde son nombres con los que se conoce este episodio donde las tropas militares fueron enviadas a socorrer a los propietarios lanares. La intervención provocó, según fuentes estimativas, hasta mil muertos entre los obreros y solo dos entre las filas represoras.
Tanta convulsión y el temor a un triunfo bolchevique como el vivido en Rusia en 1917 llevaron a un giro apaciguador en el campo sindicalista. El gobierno de la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen jugó la carta del diálogo y las concesiones sin renunciar a la represión.
Dialogó abiertamente con el campo “sindicalista” restando fuerza a los socialistas en la CORA. Institucionalizó los sindicatos apareciendo los dirigentes remunerados y, de esta manera, fue desactivando la confrontación dando como resultado un traspaso de la acción sindical combativa a una más institucionalizada y negociadora.
A finales de los años veinte el panorama sindical ofrecía cuatro centrales: La FOA anarquista con cada vez menos afiliados, la COA socialista, la USA, Unión Sindical Argentina, de sentido sindicalista y el CUSC comunista
El golpe de estado de 1930 trae un nuevo escenario al país empezando lo que algunos especialistas llaman la “década infame”[8]. Solo la FOA condena el golpe de estado y culmina, de este modo, la casi desaparición de la tendencia anarquista en el sindicalismo.
El resto de centrales obreras no lo condenan y buscan ocupar nuevos espacios en lo venidero. La confrontación con los diferentes gobiernos seguirán sobre todo a raíz de la gran crisis económica que hará replantear el modelo de estado agro exportador y, aunque tímidamente, empezar una industrialización del país.
Así, la lucha continuará llegando a un momento culminante en 1935 con la unión de las centrales obreras bajo un solo paraguas: la Confederación General del Trabajo (CGT). La central estará dominada en un primero momento por la vía “sindicalista” pero posteriormente pasará a manos de los afines al partido socialista. Pero poco antes del golpe de 1943, el sindicalismo vuelve a romperse y aparecen dos CGT enfrentadas.
Es en este contexto donde el peronismo empezará a moverse y conformará lo que posteriormente aparecerá en el imaginario colectivo
Perón, peronismo y la cuestión social
Hablar de Juan Domingo Perón es hablar de un hombre que figura como bisagra en la historia de la Argentina. La bibliografía que generó y sigue generando la figura de Perón da cuenta de la importancia del mismo[9].
No es objetivo de este trabajo explicitar todo lo que puede haber significado la presencia de este militar y político para el conjunto de la historia del país. Si nos gustaría apuntar varios hechos que han venido a generar en el imaginario colectivo argentino una cultura y una manera de mirar los problemas sociales. Esta cultura y esta manera de mirar son los que dan pie a la tesis que intentamos entender y defender en este trabajo.
Hasta este momento hemos ido desgranando los avatares de la conformación de “lo social” en el contexto del país. Hemos recorrido el nacimiento del estado oligárquico liberal con su visión de civilización o barbarie, hemos visto las vicisitudes de la aprobación de la primera ley de protección social con las diferentes pujas y desencuentros entre los actores protagonistas. También hemos delineado la historia del sindicalismo en la Argentina y cómo y en qué estado se llega a 1943.
Intentaremos ahora poner un poco de luz sobre Perón y el peronismo sabiendo que, sin duda, corremos el riesgo de simplificar y perder los matices que tamaño personaje y momento histórico conllevaron.
Primero debemos situar a Perón – gobernó democráticamente desde 1945 a 1955 cuando fue derrocado por un golpe militar – en un espectro ideológico del momento y en referencia a un contexto mundial. Se está librando una guerra en Europa entre el fascismo y los aliados, comprendiendo en este lado a los defensores de las democracias liberales y los comunistas de la Unión soviética.
En la Argentina encontramos partidarios, entre los militares y civiles, de los movimientos fascistas (Mussolini y Franco serán referentes para Perón) así como simpatizantes de la causa norteamericana. Oficialmente neutral, se decanta por el bloque aliado al final de la contienda.
En este marco, encontramos que se mezclan en Perón las ideas fascistas del Movimiento más que un partido, la fuerte jerarquización en todas las esferas de la sociedad y, en consecuencia, una estructura vertical en las relaciones.
También encontramos en Perón un fuerte nacionalismo que se enfrenta a la visión neocolonialista que presidía el quehacer de los gobiernos oligárquicos. En un momento de crisis económica como la que se vivió en los treinta, daba las pautas de que un país, para crecer, debía tener su propia independencia y fortaleza. No podía depender del exterior para sobrevivir.
Es en este contexto que el país apuesta por la industrialización y el desarrollo tecnológico. Como ejemplo se puede ver el trabajo con el acero en la fábrica Somisa en San Nicolás de los Arroyos en la provincia de Buenos Aires. La industrialización choca de frente con la oligarquía cerealera que venía a representar lo que en los primeros capítulos de este trabajo decíamos la Argentina como granero del mundo.
Finalmente, y eso es básico, Perón toma en cuenta las demandas de la clase trabajadora e introduce en su discurso la palabra Pueblo como categoría que quedará ligada permanentemente a su figura. Pueblo y Trabajo pasan a ser, en el imaginario colectivo, palabras peronistas y emerge en la Argentina una visión del mundo que antes apenas tenía cabida.
¿Cuáles fueron las acciones principales del gobierno de Perón para materializar sus ideas en el país?
Durante el gobierno de facto surgido en 1943 ocupó la cartera de Trabajo entrando en contacto con toda la legislación laboral y los conflictos presentes. Empezó a dar concesiones a los trabajadores en las demandas acumuladas durante largo tiempo. Estas concesiones le iban permitiendo conseguir aliados entre la clase obrera.
Una de las principales acciones fue en su política gremial. Estableció un gremio único por rubro reconocido institucionalmente por el Estado (Rapoport, 2003:303). Donde se presentaron gremialistas aliados los reconoció y donde le interesó desbancar a opositores creó gremios ad hoc que fueron los reconocidos oficialmente. De este modo se aseguraba el respaldo de los movimientos obreros.
Una característica que se desprende de este momento y que estará presente hasta hoy es la institucionalización de los gremios y, sobre todo, la aparición del dirigente gremial liberado de su trabajo habitual. El liberado se dedica profesionalmente al gremio.
En esta nueva estructura, donde la CGT dividida que habíamos dejado en 1943 volvió a ser única y aliada del movimiento de Perón, el gremialismo pasa a ser una parte del “Movimiento” que funda y que se basa en principios de verticalidad, lealtad y confianza en el líder.
De este modo ya vemos perfilado lo que será la alianza que regirá los dos gobiernos peronistas: Un movimiento amplio bajo el carisma de un líder que aglutinará las diferencias. Gremios institucionalizados fieles al movimiento.
Una segunda acción que marcó una época fueron las actividades de la Fundación Evita, dirigida por la esposa de Perón, Eva Duarte, popularmente conocida y recordada como Evita. Esta Fundación se dedicó a crear gran cantidad de actividades – los juegos deportivos infantiles son un ejemplo – así como infraestructuras vitales como casas, hospitales, centros de salud y escuelas.
Es común reconocer actualmente edificios o instituciones que fueron creados bajo la estela de Evita. Y en el recuerdo de los más viejos perdura la figura de Evita como la primera que tomó en cuenta a los obreros y que hizo justicia social. Sobre todo que hizo llegar lo que no había a los hogares (heladeras, ropa, calzado).
En tercer lugar es importante resaltar que Perón modificó la Constitución de 1853 para adaptarla a criterios más sociales en consonancia con el Movimiento que había generado. En 1949 se propugna y vota una nueva Constitución con importantes avances sociales. Cabe señalar que será inmediatamente derogada cuando Perón será destituido en 1955.
Entonces ¿qué consecuencias podemos observar para nuestro trabajo de estas diferentes iniciativas o características de los gobiernos de Perón?
La primera de ellas es que las categorías de pueblo y trabajo quedarán ligadas al peronismo hasta hoy mismo. Tener un trabajo como legitimación del ciudadano útil. Esta característica coincide con uno de los caracteres que definen el Estado del Bienestar – más conocido como Estado benefactor en la Argentina – como podemos leer en el libro de Alonso (Alonso, 2006).
Es precisamente esta la segunda consecuencia. Es en los gobiernos de Perón cuando aparece el Estado benefactor que marcará la época dorada del modelo socialdemócrata en todo el mundo. Estados fuertes que brindan una serie de servicios al ciudadano que son asumidos como derechos sociales. En la Argentina este tipo de Estado se encuadra y desarrolla en el periodo que estamos estudiando.
Resumiendo, durante el gobierno de Perón se instituye el estado benefactor que durará más o menos equilibrado – como en otras partes del mundo – hasta la crisis de los años 70 y que será desmantelado o muy recortado con la década neoliberal y la doctrina del Consenso de Washington[10].
Esto hará que en el imaginario colectivo se recuerde e identifique esa época como un “el dorado” al que se debería volver. “Había trabajo” como expresión que define que todos, quien más, quien menos, tenía una fuente de la que subsistir.
Desarrollismo y estado benefactor
Los avatares políticos que siguen a la caída del peronismo son muy variados y es difícil encuadrarlos bajo un solo epígrafe. Para el propósito de este trabajo sólo será necesario esbozar algunos hechos que nos pueden ser útiles para entender la tesis que tratamos de defender.
A Perón lo derroca un golpe militar al que seguirá una larga época en que se sucederán diferentes gobiernos de facto y breves periodos de gobiernos elegidos pseudo democráticamente – el Partido Justicialista ganó todas las elecciones en las que pudo participar hasta la contienda en que ganó Alfonsín en 1983 – culminando con la última dictadura conocida como el Proceso.
Al igual que en España, la década de los sesenta trae lo que se ha venido a llamar desarrollismo. Esto es el incremento en el desarrollo social y, sobretodo, económico sin necesidad de democracia.
Una clase media fuerte y un Estado benefactor funcionando aunque se compruebe mala gestión y diferentes crisis económicas que deterioran la confianza de los ciudadanos hacia las autoridades.
En cuanto a los gremios, asistimos a la presencia de gremialistas dirigentes que se institucionalizan y que derivan en conservadores. Estos gremios, generalmente asociados con el peronismo, se muestran poco beligerantes ante los diferentes gobiernos que jalonan la década.
No así en el campo político en el que la década arroja un fenómeno que acentúa lo vivido en otros lugares del mundo. El peronismo sin Perón – exiliado en Madrid hasta su regreso en 1973 – se divide y radicaliza en dos partes altamente enfrentadas:
Un peronismo identificado con los sectores más católicos y nacionalistas que se sienten cómodos con la idea de Movimiento y el carisma del líder derivan en lo que se ha dado en conocer peronismo de derechas. Éste, conservador, culmina en este periodo con la figura de López Rega y la conocida organización paramilitar la Triple A y elementos asociados a la última dictadura.
Por el otro lado y dentro de las corrientes de la teología de la liberación y la emancipación americana – seguidores de la Revolución Cubana, el guevarismo y todas las opciones de izquierda – encontramos el peronismo de izquierdas culminando en su lado más extremo con el Ejercito de Liberación del Pueblo (ERP) y los Montoneros.
En diferentes frentes el enfrentamiento se irá radicalizando y, por ejemplo en el campo de la educación, muchos profesores serán despedidos de sus cátedras por parte de los diferentes gobiernos conservadores.
En el gremialismo y los trabajadores ocurrirá otro tanto y los mismos gremios serán foco de tensión entre dirigencias acomodadas y trabajadores luchando por sus derechos.
Ésta época arroja, para los propósitos de nuestro trabajo, el hecho de que tanto unos como otros evocarán como explicación y adhesión la figura de Perón y el peronismo. Es así como se agranda en el imaginario colectivo la identificación entre trabajo y peronismo.
Es interesante pero señalar que el antiperonismo se construye en la misma época y que se añade a la discusión sobre lo social otra categoría que es el asistencialismo. Esta categoría viene a significar el hecho de que el Estado benefactor asiste a los que no tienen pero que, en la crítica que se le hace, el depositario de esa asistencia se convierte en vago.
Esta crítica se irá reviviendo en los diferentes momentos históricos hasta llegar al presente y situarnos en el contexto de pobreza que tratamos de dilucidar en este trabajo.
Crisis del Estado benefactor e irrupción del neoliberalismo
Para finalizar este recorrido es necesario señalar el final del Estado Benefactor y la irrupción de la postmodernidad[11]. Antes de hablar de las políticas de la década de los 90 que terminan por instalar el escenario donde nos planteamos la mirada sobre la pobreza, apuntaremos las características del Estado Benefactor que tendió a retirarse y señalar las principales características del Estado Neoliberal que es el que transitamos.
El Estado Benefactor se puede describir como suministrador de servicios en una sociedad casi de pleno empleo y con biografías laborales muy estancas y definidas. Una persona hacía carrera en una empresa y en ella se jubilaba. Los estudios eran vistos como una oportunidad de ascenso social. El ciudadano se definía por su condición de trabajador masculino. El desempleo se veía como un accidente fortuito entre trabajos.
Antes esta realidad, la crisis económica de los años 70 cuestiona el modelo ya que se empieza a crecer económicamente sin generarse empleo. La revolución tecnológica que se va fraguando – e irrumpe con fuerza en los noventa – va desplazando el grueso del empleo al sector servicios alejando cada vez más a los trabajadores del tejido productivo.
El trabajo como algo fijo y que está ahí pasa a ser un bien preciado y ya no está al alcance de todos. Pasamos de un Estado que es visto como garante de derechos sociales, al que se le exige que cubra a toda la población, a un Estado que sólo debe garantizar las reglas del juego del mercado y retirarse de intervenir en él.
La lógica del Managment (Alonso, 2006) es la que pasa a imponerse como la única viable. La Razón instrumental es la que va a regir el desarrollo de la sociedad en todas sus facetas. Las categorías que presiden este modelo son las de calidad y eficiencia.
La calidad se puede medir y las estadísticas están a la orden del día para evaluar continuamente los procesos en función de los resultados. En el nuevo modelo todo es medible, todo es comparable y, eso es clave para entender lo que se vivió en la Argentina en la década de los noventa, se cree en recetas únicas para todos los países.
El llamado Consenso de Washington marca las directrices que todo gobierno debe seguir para ser exitosos en su gestión. La revolución tecnológica a la que antes aludíamos no sólo elimina lugares de trabajo en los sectores primarios y secundarios sino que, en su parte más innovadora, genera la intercomunicación entre los lugares más alejados del planeta superando las barreras nacionales y creando la Globalización.
En la globalidad se anulan las fuerzas locales y la velocidad en las comunicaciones hace obsoletas muchas de las herramientas de las que disponían los países para gestionar su economía.
La segunda característica de este Estado neoliberal, emparentada con la anterior, es la eficiencia. Marcados unos objetivos, éstos deben ser conseguidos al más bajo coste. Dentro de la misma lógica del Managent se identifican medios, se analizan costos, energías y se toman decisiones. La figura del experto se convierte en el regulador en todas las esferas. En su dimensión política será el tecnócrata el que regirá las decisiones de los políticos.
Estas dos categorías junto a la globalización vendrán a interrogar al Estado sobre su gestión y mostrarán sus falencias en cuanto a Calidad y Eficiencia en la gestión de los servicios públicos. Y este es el gran cambio.
De un Estado Benefactor que suministra servicios a sus ciudadanos en el marco de derechos sociales se pasa a un Estado que sólo debe velar por las reglas y someterse a la lógica del mercado. Las empresas públicas deben pasar a la gestión privada – símbolo de eficacia y calidad – y el Estado sólo deberá brindar asistencia en los desajustes que se puedan producir en el Mercado.
Así ya tenemos perfilado lo que se vivirá en todo el mundo desde la crisis económica del 73 hasta casi la actualidad – la presente crisis económica está cuestionando las categorías y pilares del estado neoliberal y parece que un requerimiento de más presencia del Estado se está convirtiendo en una realidad. De todos modos es un debate que recién se está dando.
La construcción de la categoría de ciudadano que emerge del Estado Benefactor (Alonso 2006) – hombre con un empleo y con ciertas prestaciones que emanan de eso – se complejiza en el Estado Neoliberal. Ya no existe el pleno empleo, la individualización de los sujetos aleja una posible lucha corporativista, el ciudadano se convierte en un votante y, como mucho, consumidor. Se requiere lo que en inglés se llama el selfemployement (autoempleo) y el fracaso en la carrera laboral se hace caer directamente sobre el trabajador. Se fomenta la formación permanente en todas las esferas laborales y los títulos superiores no son garantía de empleo de calidad.
Así como aparece una nueva clase social ligada al éxito de la globalización – personas preparadas en el sector financiero y las telecomunicaciones – cada vez más gente queda fuera del sistema de trabajo y los parados de larga duración se convierten en una categoría nueva y perenne.
En el caso argentino es más que remarcable y es lo que anima este trabajo. Personas que quedan fuera del sistema alejados de cualquier posibilidad de un empleo definidor de derechos y que empiezan a transitar los caminos de la pobreza.
Pero antes de entrar de lleno sobre el tema es necesario ver algunas concreciones que se dieron en los gobiernos de Carlos S. Menem que vinieron a significar el posicionamiento de la Argentina como la mejor alumna de las recetas neoliberales en América Latina.
Desregulacizaciones y privatizaciones en los gobiernos de Carlos S. Menem.
Los principales encargados de implementar el Estado Neoliberal en la Argentina fueron los gobiernos de Carlos S. Menem (1989 – 1999). La Argentina, de la mano de sus Ministros de Economía, siguió a rajatabla las recomendaciones de los organismos internacionales de crédito. Implementó unas políticas destinadas a llevar a término lo que antes apuntamos como características del Estado Neoliberal. Un Estado que se retira para dar paso a la gestión privada en aras de la calidad y eficiencia tanto de la producción como de los servicios.
Conviene señalar, antes de empezar a desgranar las desregularizaciones y privatizaciones que se llevaron a cabo, que Menem se autodefinía peronista y que enarbolaba la bandera de los trabajadores para ganar sus elecciones. La “fuente de trabajo” sacrosanta para el peronista no fue, precisamente, lo que más salvaguardó el llamado menemismo.
Así, las primeras acciones del gobierno ya en 1991 son las privatizaciones de industrias, empresas y servicios estatales. La idea es aligerar las arcas del Estado, obtener mejores prestaciones y servicios asumiendo lo anteriormente dicho sobre eficiencia y calidad de lo privado.
Siguiendo un cuadro del libro de Rapaport, señalo como ejemplos las privatizaciones de la empresa de aceros Somisa en abril de 1992, Activos de YPF de noviembre del 92 a octubre del 93. Algunas hidroeléctricas en agosto de 1993. Fábricas militares varias en 1994, Aerolíneas Argentinas en 1990, Telecom (la compañía de teléfonos) en 1990. (Rapoport, 2003:991, cuadro 8,27).
Todas estas privatizaciones van seguidas de inmediatas reestructuraciones de plantillas, prejubilaciones y recortes de personal en todas las esferas. El trabajo tal como había sido entendido hasta el momento empezaba a cambiar. Los gremios son vistos como cómplices del desmantelamiento incluyendo episodios de corrupción como el caso de los Ferrocarriles Argentinos que quedaron a manos del principal dirigente gremialista – que hoy es un acaudalado empresario.
Conviene echar una ojeada a la evolución de los índices de desempleo del país y la irrupción del paro estructural. El agotamiento de las fuentes de trabajo y la idea del trabajo casi como un lujo se instala en la población. Evidentemente, en este contexto, la lucha gremial se ve atajada ante el miedo de perder el trabajo.
Así, siguiendo nuevamente a Papoport, tenemos que la tasa de desocupación del país oscilaba entre el 4% y el 7% hasta 1992. A partir de 1993 se llegó al 17% subiendo al 20% en 1995. No solo aumentó la desocupación sino también el subempleo y el trabajo en negro y precario. Esto se hizo posible también gracias a las políticas laborales del gobierno. El contrato parcial aumentó frente al indefinido.
Resumiendo, citando al CEPAL “[en la Argentina] se combinan un marcado crecimiento del ingreso por habitante, una fuerte caída de la inflación de los inicios del decenio, un elevado desempleo y un aumento de la pobreza.” El neoliberalismo expresado. Se crece económicamente pero no se distribuye ese crecimiento. (Rapoport, 2003:1021)
Finalmente, para situarnos ya en algunos datos sobre la pobreza, algunos datos nos pueden dar idea de lo acontecido en la década de los noventa: Del 18% al salir del dictadura militar se pasó a un 15% durante el gobierno Alfonsín – que quedó roto cuando en el proceso hiperinflacionario se trepó al 47,4% (1988-1989). A partir de ese momento se consigue bajar hasta un 16,9% en 1993 trepando al 28% en 1996.
Aunque los números tal vez no terminan de dar la imagen de lo acontecido, es necesario sumar el porcentaje de la pobreza, el incremento del desempleo y subempleo que se alarga en el tiempo y la pérdida de poder adquisitivo para ver la sociedad argentina tal como entra en el siglo XXI. La fragmentación ya es un hecho que lo acontecido en la crisis económica y política de 2001 termina de firmar.
Resumiendo
Con los gobiernos de Menem y la crisis de 2001 intento cerrar una visión, posiblemente fragmentaria e inconclusa, de la historia argentina. Historia que tiene que ver con el trabajo y la cuestión social.
Como decía en la Introducción, pretendía con este repaso entender los avatares que han ido conformando la relación de lo social y su visión en la Argentina. La tesis que se trata de defender en este trabajo – o al menos entender – pasa por darse cuenta que lo social y laboral ha estado presente en el imaginario argentino a causa de hechos y políticas concretas.
El nacimiento y luchas de lo laboral a principios de siglo XX, el desarrollo del gremialismo y su capacidad de representación y transformación de la sociedad y la irrupción de la idea de una sociedad más justa del peronismo conforman un imaginario que ha cohesionado a la sociedad.
La época “dorada” del keyniasismo dejó un pósito en la conciencia argentina. La categoría de trabajo como definidor del ciudadano medio está asentada en el imaginario. Con tener un trabajo se forma parte de la sociedad y se es consciente de que es un derecho al que se debería acceder.
Las políticas neoliberales de los noventa e inicio s del siglo XXI no han conseguido que nuevas categorías como el selfemployment diluyan la noción de trabajo como algo vertebrador de la biografía o proyecto de vida de las personas.
Este hecho es lo que, frente a la exclusión y fragmentación de la sociedad argentina, mitigará la desconexión total entre dichos fragmentos y significará un asidero para posibles políticas de reconstrucción social que deberán avanzarse en un futuro.
Pasemos ahora entonces a echar una mirada sobre la sociedad de hoy intentando entender el fenómeno de la pobreza y fragmentación social. Esta mirada nos tiene que poder dar elementos de reflexión para poder pensar propuestas superadoras.
Pobreza, exclusión y vulnerabilidad en la sociedad argentina. Fragmentación
“…me pregunté por qué en la Argentina aún no habíamos llegado a situaciones como las que se viven en los caseríos de Puerto Rico, en las favelas de Río de Janeiro o San Pablo, en los barrios y montañas colombianos o en los carteles de la droga en México. Según lo examinado, mi hipótesis es que la aún resistente militancia social argentina sigue creando lazos que impiden que los empresarios de la droga se hagan fuertes en la gran mayoría de villas miseria. Es dicha militancia la que ha permitido que aún se creen o se renueven redes que producen ese indispensable “capital social”, analizado por Alicia Gutiérrez en su artículo, y que ese capital aún los mantenga en las redes de la comunidad nacional, más allá de muchas otras diferencias. De hecho, aun las muchas veces denostadas organizaciones piqueteras han logrado impedir que los expulsados rompan enteramente sus vínculos con la comunidad. Homero Saltalamacchia Prologo en PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord). Estudios sobre pobreza en Argentina. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2008.
Estas líneas son las que inspiran todo este trabajo y son la razón del largo recorrido que las precede. Escoger la Argentina como sede de mi investigación no es casual pues el es lugar donde resido desde hace unos años. Intentar entender lo cotidiano, lo que me rodea, está en la base de este interés.
En primer lugar intentaremos caracterizar de qué hablamos cuando decimos pobreza y exclusión. Después analizaremos qué se pone en juego en los escenarios de pobreza dando entrada al concepto de Capital Social. Seguidamente será este Capital Social lo que intentaremos dilucidar siendo el momento donde descubriremos, siguiendo la tesis de Saltalamacchia, la importancia de la idea de trabajo en el imaginario social de la sociedad argentina. Por último, apuntaremos varias reflexiones teniendo como centro lo educativo y la escuela misma como lugar de unión comunitaria.
¿De qué pobreza hablamos?
Hay diferentes maneras de calcular la pobreza ya que se puede sostener que es diferente el concepto de persona pobre en una sociedad opulenta que en una de la periferia. Las definiciones de pobreza intentan describir una situación y necesitan tener en cuenta varios factores.
Se plantea una primera discusión en la definición de pobreza que se da entre los que la define como algo absoluto y los que la definen como algo relativo en función de valores medios de una sociedad dada. Estos últimos verán cambiar su definición de pobre en función del tiempo y lugar que se mida. Uno puede ser pobre hoy y no dentro de un año sin haber cambiado nada en su vida.
Pero lo relevante para nuestro trabajo es cómo se mide y qué es lo que se mide para poder determinar la pobreza o no de alguien o algún sector. A continuación se puede leer cómo el INDEC[12] (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina) explica cómo calcula la línea de pobreza (LP) para poder determinar quien está por debajo y quien por arriba. Esta explicación nos ayudará a situar la realidad del país surgida, sobre todo, de las políticas neoliberales llevadas a cabo en la década de los noventa y principios de siglo:
El cálculo de los hogares y personas bajo la Línea de Pobreza (LP) se elabora en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). A partir de los ingresos de los hogares se establece si éstos tienen capacidad de satisfacer -por medio de la compra de bienes y servicios-un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales.
El procedimiento parte de utilizar una Canasta Básica de Alimentos (CBA) y ampliarla con la inclusión de bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.) con el fin de obtener el valor de la Canasta Básica Total (CBT). Sobre este punto, véase Composición de la CBA del adulto equivalente (mensual).
Para calcular la incidencia de la pobreza se analiza la proporción de hogares cuyo ingreso no supera el valor de la CBT; para el caso de la indigencia, la proporción cuyo ingreso no superan la CBA.
El procedimiento consiste en calcular los ingresos mensuales de cada uno de los hogares relevados a través de la EPH, y compararlos luego con la CBA y la CBT correspondientes a cada hogar, teniendo en cuenta su composición en términos de adultos equivalentes, es decir, considerando los valores “equivalentes” de todos sus miembros. Para determinar el costo de la CBA y la CBT correspondientes a cada hogar, se utiliza una tabla de equivalencias (véase Tabla de necesidades energéticas y unidades consumidoras según sexo y edad) que permite calcular las unidades consumidoras en términos del adulto equivalente dentro de cada hogar.
Aunque el cálculo de la pobreza y la indigencia se realiza para mayo y octubre de cada año en el caso de la medición puntual y por semestre en el caso de la medición continua (datos disponibles desde el primer semestre 2003), el cálculo de la CBA y la CBT del adulto equivalente se realiza todos los meses en función de los precios que releva el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Estos cálculos aportan cada mes datos que son sujeto de interpretación política y mediática de diferente signo pero que, teniendo bien claro cómo se calculan deberían poder generar otro tipo de debates.
A modo de ilustración acompañamos estas líneas con un gráfico que muestra la evolución de los índices de pobreza y desempleo en el Gran Buenos Aires desde 1988 hasta 2006.
El tener acceso o no a bienes y servicios conllevan una visión económica que, siguiendo a Amalia Eguía[13], se queda corta para poder dar cuenta de lo que es la pobreza. Si sólo fuera una cuestión económica sería suficiente en que la comunidad en general creciera en PIB para que, tal como dice la teoría del “derrame”, los beneficios llegaran a todos. Esta es la postura neoliberal por excelencia que el “boom” económico de este principio de siglo no ha demostrado.
Amalia Eguía, como otros autores, plantea la posibilidad de ampliar las miras e incluir en los cálculos de pobreza cuestiones como la educación, condiciones de vida, salud. Estos últimos no entendidos como servicios a los que se llega sino como categorías que forman parte de la integridad de una persona.
Así, siguiendo a Eduardo Bustello citado por Amalia Eguía, se puede decir que “la pobreza de ciudadanía es aquella situación social en que las personas no pueden obtener las condiciones de vida – material e inmaterial – que les posibilite desempeñar roles, participar plenamente en la vida económica, política y social, y entender los códigos culturales para integrarse como miembros de una comunidad”.
Es importante el desplazamiento que esta definición de pobreza representa ante el mero cálculo de necesidades cubiertas. Abarca otras facetas de la sociedad que sobrepasan lo meramente económico.
Así la caída, como Alonso plantea en su libro (Alonso, 2006), de la definición de ciudadanía desde lo laboral que representó la postmodernidad – o la sociedad de la información, que no del Conocimiento – trajo una nueva definición de ciudadano que solo lo contempla como depositador de voto cada cuatro años y como ente consumidor. Ante este ciudadano consumidor, la exclusión del sistema entre los que no pueden consumir es total. Además, como nos dice el fragmento de Bustello, el no tener la posibilidad de acceder a condiciones de vida inmateriales – educación sobre todo – no permite un horizonte de integración.
Resumiendo, cuando hablamos de pobreza hablamos de una situación en que, más allá de la no satisfacción de necesidades básicas y los cálculos de línea de pobreza que se puedan efectuar a efectos estadísticos, hay una complejidad que no permite desempeñar roles ni participar plenamente en las diferentes facetas de la vida de una comunidad. Por ende, uno se encuentra fuera de la misma, más allá de sus márgenes, excluido.
Capital social
Este concepto, que tiene una larga historia en sociología, nos sirve para traer a colación la tesis de este trabajo. Se puede leer en Alicia G Gutiérrez:
En otras palabras, [Capital Social] sería el conjunto de relaciones sociales que un agente puede movilizar en un momento determinado de su trayectoria, que le puede proporcionar un mayor rendimiento del resto de su patrimonio (los demás capitales, económico y cultural, especialmente). Además, es también una fuente de poder, y por ello constituye “algo que está en juego”, que se intenta acumular y por lo que se está dispuesto a luchar…
GUTIERREZ, A. El “capital social” en la pobreza: apuesta, medio y resultado de luchas simbólicas en PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord). Estudios sobre pobreza en Argentina. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2008.
El capital social es esa red de familiares, amigos, asociaciones cercanas, clubes, ONGs con las que tenemos relación y podemos movilizar con un fin concreto. Las redes sociales – en todas sus formas, reales o cibernéticas – como lugares de apoyo.
Entonces ¿Cómo relacionamos el Capital social con la tesis que vertebra este trabajo? Todo el largo recorrido histórico que hemos dado al principio de este trabajo nos ha ayudado a situar la génesis del contexto actual en la Argentina.
Nos encontramos con que en las villas miseria – asentamientos precarios de viviendas o pseudoviviendas en las grandes aglomeraciones urbanas donde se asenta principalmente la pobreza – las personas que en ellas viven tienen aún presente una experiencia de movilización y militancia que permite estrechar lazos con la comunidad. Las luchas obreras y sus logros junto con la actual movilización de militantes piqueteros, aún con muchos comportamientos nada gratos al resto de la comunidad, permiten los puentes de cohesión que arrojan esperanza.
El imaginario colectivo argentino sobre el trabajo abarca a toda la sociedad llegando a los barrios más marginales tendiendo puentes e identidades con el resto de la comunidad nacional.
Estos lazos aún presentes son los que, en palabras de Saltalamacchia (PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord).2008), permiten que en la Argentina la exclusión sea un fenómeno más reciente y con más posibilidades de reversión que los ejemplos mencionados de Brasil, Colombia, México o Puerto Rico.
La educación, lugar de encuentro de lo imaginario y lo real
Restan ya solo algunas reflexiones para terminar este trabajo. Apuntaba en la Introducción la importancia – no por sabida o gastada la idea dejaremos de seguir pregonándola – de la educación para superar las dificultades de una sociedad.
La escuela termina siendo actualmente el depositario de todas las esperanzas – educación sexual, viaria, medioambiental, ética y ciudadana más las materias comunes – y a la vez el centro de las más grandes críticas.
Teniendo esto en cuenta, me gustaría apuntar la necesidad de contar con una escuela pública que pudiera traspasar esta idea de trabajo, de derechos sociales y de, sobre todo, militancia y compromiso, que de algún modo cruza a historia argentina para revertir la exclusión. Una escuela que viva y traspase comunidad.
Una característica que creo define nuestra época actual es la inestabilidad de lo social. En la época dorada del keynesianismo, estaban claras las líneas por donde uno transitaba. Incluso la mejora social estaba emparentada con la posibilidad de tener unos buenos estudios.
Actualmente se abre ante una persona joven un sinfín de líneas con paradas inciertas. Tener estudios no es garantía – aunque evidentemente ayuda – de tener un buen pasar laboral. El abanico contempla desde el “éxito” dentro del campo financiero o de las telecomunicaciones hasta la indigencia al no contar con ingresos mínimos.
Es por eso que pienso que la escuela debe hacer hincapié en la comunidad, en los lazos y puentes que se pueden tender con el otro. Explicitar lo que es y puede ser el Capital social de cada uno y de la comunidad en sí. Los contenidos técnicos deberán ser permanentemente actualizados sea en el rubro que sea. Por tanto la escuela debe suministrar base y elementos de crítica para los saberes técnicos y profundizar en los elementos que deben conformar una comunidad: trabajos en grupo, participación y corresponsabilidad en las decisiones, máxima implicación con el entorno.
Por último y ya para finalizar, este trabajo está hecho con mirada extranjera intentando entender su país de acogida. Argentina tiene una historia compleja y convulsa donde las pasiones a menudo acallan la reflexión sosegada y desapasionada.
Transitar su historia a través de diferentes autores me ha permitido entender un poco más la realidad de lo cotidiano que me rodea. A su vez ha hecho que cobren sentido lugares comunes de los argentinos que me sitúan, de un modo nuevo, ante las innumerables discusiones que se generan en estas tierras.
Bell Ville, Córdoba, Argentina
Septiembre de 2009
Bibliografía
PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord). Estudios sobre pobreza en Argentina. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2008.
ALONSO, LUIS E. La Crisis de la ciudadanía laboral. Anthropos. Barcelona 2007.
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PIGNA, FELIPE. Los mitos de la historia argentina 3. Plantea Historia y Sociedad. Buenos Aires 2006.
JEAN-FRANÇOIS LYOTARD. La condición postmoderna -Informe sobre el saber TEOREMA Ediciones Cátedra S.A. Madrid 1987
ALEJANDRO GROPPO. Los dos príncipes – Juan D. Perón y Getulio Vargas. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2009.
Webgrafía
Esta webgrafía contiene una serie de artículos que fueron saliendo en la edición electrónica del diario argentino Página12. Todos tocan, de algún modo, la problemática de la pobreza, exclusión y reflexiones que acompañan a este trabajo. Las consultas han sido realizadas desde el 15 de junio al 29 de agosto de 2009.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-130820-2009-08-29.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-126269-2009-06-08.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-128923-2009-07-27.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-128205-2009-07-14.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-127899-2009-07-08.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-126656-2009-06-15.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-5133-2009-08-29.html
[1] En el libro de ALONSO, LUIS E. La Crisis de la ciudadanía laboral. Anthropos. Barcelona 2007. se encuentra una amplia descripción del tránsito de la sociedad del Bienestar a la actual neoliberal con análisis pormenorizados de los avatares que se apuntan en este trabajo.[2] En el prólogo de Homero Saltamacchia en PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord). Estudios sobre pobreza en Argentina. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2008.[3] En FILMUS, D. Estado, sociedad y educación en la Argentina de fin de siglo: Procesos y desafíos. Troquel. Buenos Aires 1996 (Capítulo II)[4] ISUANI, ERNESTO A. Los orígenes conflictivos de la seguridad social argentina. Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires 1985.
[6] op cit. Cuadro nº2. pág 28.
[7] op cit Cuadro nº8. pág 43.
[8] PIGNA, FELIPE. Los mitos de la historia argentina 3. Plantea Historia y Sociedad. Buenos Aires 2006.
[9] Entre ellos este libro de reciente aparición escrito por un profesor de mi propia ciudad, Bell Ville, Córdoba: ALEJANDRO GROPPO. Los dos príncipes – Juan D. Perón y Getulio Vargas. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2009.
[10] Nombre con el que se conocen las recetas del neoliberalismo triunfante de los 90.
[11] JEAN-FRANÇOIS LYOTARD. La condición postmoderna -Informe sobre el saber TEOREMA Ediciones Cátedra S.A. Madrid 1987
[13] AMALIA EGUÍA Investigaciones sobre pobreza y exclusión social en Argentina en PAULA PAVCOVICH Y DAMIAN TRUCCONE (Coord). Estudios sobre pobreza en Argentina. EDUVIM. Villa María, Córdoba, Argentina, 2008.