
En julio de este año uno de mis hermanos me acompañaba al aeropuerto de regreso a la Argentina. En la radio, el resultado de las elecciones generales en el Estado Español daba como imposible que la derecha y la extrema derecha pudiesen formar gobierno. Alivio e incluso algún grito de alegría compartida. Cabe decir que existen importantes diferencias políticas con mi hermano pero éramos, los dos, conscientes de haber “salvado” una pelota in extremis.
Hace una semana tuve la misma sensación. Después de haber acompañado con comentarios, diálogos y largas conversaciones, salvábamos otra pelota acá en la Argentina.
¿De qué nos hemos salvado (momentáneamente)?
La crueldad que caracteriza a las extremas derechas en el mundo asusta. El odio con el que nos colocan como prescindibles, eliminables, hiere la convivencia. Escribía hace unos meses sobre el significado de hacer política colocando en la base el “que se jodan”. El significado de pensar la convivencia sólo como una competencia donde – impresiona – un individualismo agresivo se coloca el cuchillo entre los dientes, los codos levantados y se reconoce habilitado a emplear cualquier cosa para ganar y aniquilar… desaparecer al otro.
Hemos salvado una pelota en un escenario precario, difícil, vulnerable. Vivimos en un mundo donde el capitalismo anda desbocado necesitando más y más carne de cañón. Donde la desigualdad avanza y, al mismo tiempo, el planeta se resiente de su sobreexplotación.
La democracia, como lugar de convivencia, de pactos, consensos y renuncias, está amenazada. La democracia es el modo de habilitar las diferencias, permitir soluciones, establecer puentes. Demanda generosidad, escucha, diálogo. Demanda pensar en el otro.
Los problemas que vivimos en la Argentina son parecidos a los que tienen en otras partes del mundo. No son fáciles de abordar y menos de solucionar. El mismo sistema crea el problema que aparece una y otra vez.
Futuro
Aunque es probable que ya lo haya escrito anteriormente, el futuro, a mi juicio, pasa por acompañar al movimiento de mujeres con todas sus contradicciones y debates internos. Es futuro porque, ante el individualismo agresivo y cruel, propone sororidad, hermandad. Que una mujer no se salve sola sirve como ejemplo de que no hay ser humano que se salve solo. No hay comunidad que se salve sola. No hay país que se salve solo.
El próximo 19 de noviembre tendremos que atajar de nuevo una pelota. Lo haremos muchos que no pensamos igual. Lo haremos los muchos que tenemos diferencias en temas importantes pero, como con mi hermano, no las tenemos al reconocer a la democracia como el lugar que nos da cobijo.