Sr. Ministro
Esta mañana debería haber estado dando clases en una de las varias Instituciones en las que Trabajo. Ya había actualizado el Blog con el material con el que íbamos a trabajar y ya tenía seleccionado un libro de Martínez Estrada que considero adecuado para ello. Me gusta mucho mi trabajo. Tanto en secundario como en superior disfruto.
Pero no he ido a trabajar porque estoy de paro. Como una constante que se repite, cada año nos toca lidiar con su austeridad. Sólo hace dos años – año electoral con muchas visitas del gobernador y suyas incluidas – conseguimos que con nuestras medidas de fuerza nos hicieran un poco de caso. Hace mucho que venimos perdiendo y nos colocan siempre en la misma tesitura. Sí, otra vez paro, descuentos, enojo y la sensación de maltrato.
Pero hoy me dirijo a usted en concreto. Cuando asumió el cargo lanzó una idea – La Escuela Posible – que emparentaba con una larga demanda de los profesionales docentes junto a la comunidad. Sabiendo de su trayectoria académica uno pensó que iba a realizar acciones realmente encaradas hacia esa escuela posible, una escuela situada, concreta, con la diversidad asociada a un extenso territorio como el nuestro.
Sabiendo de la importancia de contar con un buen diagnóstico pensé que, con su asunción, se empezaría precisamente por ahí. Un primer año de ir al territorio, año de tener muchas entrevistas con docentes y personas de las diferentes comunidades. Pero no ir a soltar un discurso sino que “parar la oreja”, escuchar atentamente.
Todos tenemos anécdotas – tal como las suele usar en sus intervenciones públicas – y puede ser que esta que le voy a contar le brinde una cierta información. Cuando daba clases en primario había una maestra, pronta a jubilarse, que me hablaba de la necesidad de la continuidad pedagógica de primer ciclo. Añadía a eso – por nuestra propia experiencia de estar dos docentes en clase – de la importancia de trabajar colaborativamente con más personal en el aula. El aula convertida en un lugar de encuentro dinámico. Ella era una voz a escuchar. De estas experiencias – seguro que un año daría para tener una radiografía muy potente – se podía armar una propuesta con continuidades e innovaciones, con la palabra “posible” afianzada en el territorio, situada.
También me imaginé que velaría para que su cuerpo docente estuviese en mejores condiciones materiales. Somos grandes y no es necesario que prometa cosas que no puede cumplir. Sabemos que está bajo la directriz de una mirada política que practica recortes. Pero podríamos entender una propuesta que reconociera lo que hemos ido perdiendo y que proponga, por ejemplo, que cada cuatro meses habrá algún punto más para recuperarnos. Que cada tiempo se irán blanqueando partes importantes del sueldo y no el galimatías que seguimos viendo en nuestros recibos.
Pero no, su gestión no ha tomado el camino que imaginé. Su gestión decidió que la escuela posible era su propia mirada – la de usted – sin reconocer lo situado. Una formación obligatoria que no tiene nada de formación donde ni siquiera hay planteada una evaluación más allá del “como si”. Una formación que “baja” descontextualizada y una escucha que no aparece. No hay diagnóstico ni acompañamiento.
En lo laboral seguimos sin horizonte de recuperación y encima con un paro más por migajas. Ofrecen más horas e incluso la posibilidad de acumular cargos para llegar a un salario digno. Pero entran en clara contradicción con eso que suelen decir y que ya va siendo hora de que empecemos a pensar qué significa: calidad educativa. ¿Se imagina lo que significan cuatro horas frente a un grado en la actualidad? ¿Puede concebir que sean ocho? ¿Realmente creen que podemos asumir semejante cosa?
Como se ha dado cuenta, la decepción es manifiesta. No voy a bajar los brazos para seguir dando lo mejor de mi junto a mis compañeros, no voy a dejar de pensar siempre en los estudiantes que me puedan tener como docente, no voy a dejar de pensar la educación como un derecho y como un espacio único compartido y no voy a dejar de defender la escuela pública como lugar de aprendizaje democrático. No voy a dejar de leer y escuchar a académicos y no académicos, a personas de la comunidad, a los mismos estudiantes en sus planteamientos desafiantes.
Pero lo que sí pienso, en términos de evaluación formativa, que su gestión está muy lejos de ser la imaginada y que creo que debe abandonar su recital de slogans y empezar a escuchar de nuevo. Seguro que cuando sólo era académico lo hacía.
Un saludo