Contra el “que se jodan” como principio político

Nunca me ha gustado decir “que se jodan”. Tampoco en su traducción en mi idioma, el catalán, que sería “que es fotin!”. Tampoco lo utilicé cuando el inglés era mi lengua de uso. Hay algo en la expresión que ya rompe la convivencia, rompe el espacio compartido, el espacio común.

Cuando jugaba a Hoquey sobre patines, juego de contacto, me gustaba tender la mano siempre a mis contrincantes. Hay algo que sella el encuentro con el otro en el apretón de manos. Incluso compitiendo, atendiendo a las reglas – escritas o no – aparece la preocupación por el otro. La imagen de Neymar y Messi después de la final de la Copa América nos conmovió a todos.

Escucho y hablo estos días con votantes de la ultraderecha argentina – no voy a usar el nombre de su candidato para no contribuir a la estrategia digital que lo acompaña – y hay un denominador común en su modo de enfocar las propuestas: el principio rector es el individuo compitiendo y los otros “que se jodan”. Cuando intentan definir conceptos como “voucher” terminan mezclando ideas y, sobre todo, no atisban a pensar las consecuencias de esas políticas. Si uno pregunta por los “perdedores” de esas competencias, la respuesta suele ser, en algunos casos simplemente “no es mi culpa” o, más agresivos, “que se jodan”.

En el universo que se representan estos votantes, hay un tipo de personas – en Argentina son los llamados “planeros” o incluso aquellos trabajadores cubiertos por la formalidad, en Europa claramente los inmigrantes – que en esta competición ideal perderán seguro y se lo merecen. Siempre van a perder los otros por que en su concepción cultural – cabe decir que muy extendida – todo depende de mi esfuerzo para no estar en ese pelotón de los “jodidos”.

Mi argumento en este punto suele ser que no todo es competencia. Que los humanos también somos cooperadores y que si competimos es bueno que podamos hacernos la pregunta sobre qué hacemos con los que pierden. En el deporte nos damos la mano y preparamos las condiciones para volver a intentarlos. Se trata precisamente de evitar el “que se jodan”.

John Rawls, nada sospechoso de ser de izquierdas, es conocido por ser uno de los autores más citados sobre democracia liberal. Hay una idea que subyace a su planteamiento que siempre me ha llamado la atención. Una democracia, en una sociedad equilibrada, siempre procura que a nadie le vaya mal. Teje una red de solidaridad para que nadie “se joda”.

Obviamente estamos enojados. No sólo en Argentina. La crisis mundial de 2008 ha pasado factura y tenemos un sistema de participación democrática pobre. Los partidos políticos y sus liderazgos – también los ciudadanos – no terminan de encontrar la tecla para poner regulaciones a un sistema que se nos está llevando por delante. Un sistema que claramente tiene el “que se jodan” como consecuencia. Se joden las personas, se joden los países de las periferias, se jode un continente entero.

Entonces, si para dejar de estar “jodidos” votamos a quien nos propone “que se jodan” ¿qué mecanismo creemos que nos evitará caer del otro lado? ¿Acaso creemos que una gran mayoría saldrá adelante?

Entiendo que el que poseé 3000 hectáreas vote a la ultraderecha. Defiende sus intereses de clase. Pero ¿realmente nos va a favorecer a todos los que somos clase media, media baja, pobres e incluso indigentes?

En mi caso, aunque esté enojado, voy a intentar que las personas que tengan la responsabilidad de hacer gobierno nos tengan en mente a todos y todas las personas que habitan el país. Voy a intentar que mi voto no sea solo una validación de cuatro años. Voy a ser activo en todos los puntos donde pueda aportar a la comunidad, donde la construcción democrática tenga como lema “no dejar a nadie jodido”, donde discuta sabiendo – como siempre – que tal vez no tenga razón.

Aquesta entrada ha esta publicada en Castellano, Perdón por el Ruido. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.