
Este texto se viene a sumar a dos anteriores escritos bajo la idea de reflexionar sobre la modalidad combinada – modalidad implementada en el curso 2022 y seguida en este 2023 – en los institutos de formación docente de la provincia de Córdoba. Lo escribo como material de reflexión para una reunión al interior de uno de los profesorados en los que trabajo.
En los dos textos anteriores expresaba mis dudas sobre el modelo planteado y avanzaba una hipótesis que, a falta de más datos, puedo aún sostener ya casi a finales del curso 2023: la modalidad combinada, tal como se ha planteado – y acompañado – desde la Dirección General de Educación Superior (DGES) ha significado, en la práctica, una reducción real del tiempo de cursado.
Haciendo un rápido repaso, en el primer texto venía a decir que las posibilidades de la modalidad combinada – en ese texto usé el anglicismo b-learning – eran muy interesantes pero no era, en ese momento, lo que se estaba planteando desde la DGES. La modalidad combinada requiere unas estructuras y unos saberes que no se estaban dando. Mi apuesta era a favor de esa modalidad pero armando lo necesario y acompañando una capacitación adecuada. Anticipaba que lo que ocurriría sería una pérdida real del tiempo de cursado.
En las segundas reflexiones, después de haber conocido algunas experiencias previas auspiciadas por la DGES y después de observar los resultados de una encuesta de satisfacción realizada en julio de ese año, asumía la necesidad de que se tenía que recoger más información al interior de cada instituto pero, afirmaba entonces, todo indicaba que la posibilidad de perder tiempo de cursado es lo que había ocurrido. En ese mismo texto hacía una propuesta en positivo para implementar estructuras y capacitación para lo que entiendo debería ser la modalidad combinada.
Entonces, a finales del curso 2022, afirmaba – en las diferentes reuniones donde tuve oportunidad de hablar – que lo que había ocurrido realmente en el cursado del año 2022 era una reducción drástica del tiempo de cursado y, claramente, un debilitamiento del vínculo pedagógico. Vínculo, que, por otro lado, ha sido tan demandado para acompañar trayectorias escolares complejas.
Si se me pedía la opinión, aludiendo a los dos textos mencionados, pedía que para el 2023 se volviese a la modalidad plenamente presencial con, eso sí, el enriquecimiento potentísimo que nos da el uso de la plataforma y los medios de trabajo más allá de lo áulico. Un uso, comentaba, acompañado por los cambios y las figuras necesarias.
2023, un año en continuidad
¿Hubo algún tipo de cambio a partir de una evaluación que, suponemos, realizó la DGES? No. A principio de año se nos comunicó que se seguía con la misma modalidad que el año anterior.
Este año ha funcionado del mismo modo que el anterior con algunas pequeñas variacions. La más significativa es que se nos pidió que, en una de las dos semanas mensuales en que el trabajo era virtual, hubiera un encuentro sincrónico, esto es, una videollamada. La novedad es que la presencia en la videollamada era obligatoria y contaba a la hora de evaluar el presentismo en la trayectoria de todo el año.
Estos pequeños cambios ¿Han generado un cursado diferente al anterior? ¿Se ha visto mejorado el nivel educativo, pedagógico? ¿Tenemos más docentes preparados que han podido habitar la virtualidad de un modo enriquecido?
Cabe decir que, a favor de la DGES, en estas mismas fechas se están ofreciendo capacitaciones gratuitas para los docentes que quieran – no es obligatorio – formarse en la modalidad combinada. Cabe añadir que la bibliografía y la temática de estas capacitaciones tiene a varias de las personas que más tiempo llevan pensando la relación entre educación y TIC como son Inés Dussel, Jordi Adell o Manuel Area-Moreira entre otros. Podemos decir que, muy probablemente, las investigaciones educativas que ha podido llevar adelante la DGES son de gran valor epistemológico así como pedagógico.
Ahora bien ¿han conseguido solucionar alguna de las cuestiones que habíamos marcado en los textos precedentes? Creo que no. Creo que el resultado final de este curso – que se va acercando a su fin – es el mismo que el anterior: reducción del tiempo de cursado y debilitación del vínculo pedagógico en trayectorias complejas.
Probablemente todos hemos dado un paso adelante en el habitar el espacio virtual pero, creemos, insuficiente para que tome todo su sentido. Es probable que la DGES haya hecho también algún avance pero no en el sentido de dotar de más infraestructura ni personal específico (el concepto de “gestión de cursada” es el que usé en el segundo texto para referirme a ello). Un avance que no se puede basar en el desconocimiento ya que trabaja en armonía con el Instituto Superior de Estudios pedagógicos (ISEP) y éste, en su día a día, está basado en estructuras claramente definidas de acompañamiento de la virtualidad.
Es posible que todos estemos más familiarizados con los diferentes entornos que definen la modalidad combinada. Pero creo que no son suficientes.
Añadiré, además en esta ocasión, un tercer factor que no había sido tenido en cuenta en los dos textos anteriores. Un factor que no ayuda a que la modalidad combinada supere esta – en mi opinión – reducción del tiempo de cursado.
El estudiante de la modalidad combinada. Un factor clave a sumar
Cerraremos entonces con una reflexión que viene a ampliar el espectro a tener en cuenta cuando se quiere implementar la modalidad combinada. A la capacitación del profesorado y a la creación de equipos de acompañamiento – “gestión de cursada” lo llamaba – se suma un tercer factor que no había mencionado en mis anteriores textos, el estudiante de la modalidad combinada.
A partir de los resultados de una encuesta realizada a los estudiantes en uno de los institutos donde trabajo, hubo uno de ellos que me llamó poderosamente la atención. Ante la pregunta sobre si un estudiante tenía problemas para entrar en las diferentes áreas de cursado o si tenía problemas con el uso de dispositivos, sólo un 4% afirmaba tener dificultades. El resultado se leía muy positivamente ya que podía significar que, por ese lado, no había barreras de acceso por parte de los estudiantes.
Pero Buckingham, por un lado, y Lagos y Silva por el otro, ya nos advertían a finales de la primera década de este siglo que la brecha de acceso al uso educativo en Internet tenía tres niveles: El de acceso, que nuestros estudiantes parecen tener resuelto en buena medida. El nivel de conocimiento, esto es, la destreza para usar diferentes softwares y “lugares de la red”, que no está claro que todos los estudiantes dominen. Y, en tercer lugar, planteaban el nivel de uso pedagógico de lo virtual, donde tal vez nuestros estudiantes estarían menos preparados.
Este tercer nivel nos lleva a preguntarnos por las características que deberían definir a un estudiante en modalidad combinada. Estas características deberían darnos la pauta de si el potencial de esta modalidad puede ser aprovechado en las actuales circunstancias.
El estudiante que no va a tener continuidad presencial en un entorno edilicio o humano – pensado para lo escolar – debe tener autonomía en su aprendizaje y una alta capacidad autodidacta. Esta capacidad comprende una buena lectocomprensión, un adecuado ritmo y hábito de lectura, una buena capacidad de síntesis y una buena capacidad de formulación de preguntas significativas. Requiere de disciplina y organización temporal para tener continuidad escolar.
Respecto a lo que a habitar el espacio virtual demanda, debe tener dominio de las estructuras diacrónicas y hacer un uso significativo de los foros y otras instancias de colaboración. Estar presente en los espacios habilitados para ello, aportar ideas e implicarse en cualquier construcción colectiva áulica remota que se requiera. Esto significa, más allá del saber pedagógico, tener dominio instrumental de herramientas como los foros, wikies o drives.
De las herramientas sincrónicas debe conocer como hacer de estos espacios lo más parecido al encuentro cara a cara. Debe conocer cómo hacerlos más hospitalarios y también – algo que sirve para aplicaciones de mensajería instantánea – los modos de comportarse en este tipo de espacios, esto es, lo que se conoce como “net-etiqueta”.
Entonces, a la capacidad de autoorganizarse y de habitar significativamente el espacio virtual, se le suma, para finalizar, una cierta disciplina que obligaría a seguir una hoja de ruta bien definida por el docente. Hoja de ruta que – comentábamos en nuestro segundo texto – se hace imprescindible en esta modalidad de cursado.
¿Tienen nuestros estudiantes estas características? Recordemos que al comenzar su formación, en el primer año, tienen un curso introductorio en el que se les forma, entre otros aspectos, en el oficio de estudiante. Recordemos también que la parte que se dedica, en este curso organizado por la misma DGES, a la formación como estudiantes en modalidad combinada es ínfimo. ¿Se ha generado alguna instancia para poder acompañar a estos estudiantes y formarlos como estudiantes más allá de la brecha de acceso? Creo que éste es otro punto a revisar de la modalidad combinada sino queremos seguir perdiendo tiempo de cursada, tiempo de formación.
¿Seguimos perdiendo? Una propuesta
Ignoro las deliberaciones que llevaron a la actual dirección de la DGES a determinar la modalidad combinada – en el modo en que la materializaron – para el curso 2022. Ignoro las deliberaciones que los llevaron a reiterar la modalidad – sin apenas cambios significativos – para este curso 2023. Ignoro la información de la cual disponen para seguir pensando que es el mejor modo de brindar formación a los futuros docentes de la provincia.
A mis argumentos contrarios a este modo de implementación de la modalidad combinada – sostenidos en los dos primeros textos y que no significan que esté en contra de la Modalidad en sí – sumo, en esta ocasión, el de la debilidad de nuestros estudiantes como estudiantes virtuales. Obviamente que estaríamos pendientes de una investigación más rigurosa pero, a primera vista, parecería que estamos lejos de ese tipo de estudiante descrito en el anterior apartado.
En conclusión, creo que el modo en que seguimos implementando la modalidad combinada da como resultado la pérdida real de tiempo de cursada así como el debilitamiento del vínculo pedagógico necesario para acompañar las trayectorias realmente existentes en los profesorados.
Como propuesta a explorar se podría, a partir de este documento y los dos que lo preceden, hacer lo siguiente:
- Curso breve de iniciación a la Modalidad explorando todas sus posibilidades. Dirigido a y por docentes y estudiantes poniendo en valor la experiencia acumulada en los últimos años.
- Dos meses iniciales de presencialidad plena. Se crea y fortalece el vínculo pedagógico y se diagnóstica a cada grupo de un modo situado. El Equipo de Gestión de Cursada se encarga de hacer el seguimiento y evaluación.
- A partir del tercer mes se ingresa en la Modalidad combinada con el acompañamiento del Equipo de cursada. Se evalúa el modo en función del diagnóstico situado.
- Al finalizar el curso se hace una evaluación integral del recorrido.
Como siempre, estas afirmaciones están condicionadas al diálogo y al intercambio de pareceres que pueden hacer modificar las ideas. Se trata, una vez más, de abrir un diálogo al interior de los profesorados para evaluar y evaluarnos en el modo en que llevamos a cabo nuestro objetivo. Objetivo que no deja de ser siempre el de formar nuevos docentes en un entorno abierto como lo es el de esta tercera década del siglo. Muchas gracias por su tiempo.
http://maricelart.com/blogxavi/reflexiones-preliminaress-a-la-bimodalidad-en-los-institutos-de-formacion-docente/