
En marzo presentaba un texto que reflexionaba sobra la Bimodalidad que estábamos a punto de inaugurar en los Institutos de Formación Docente (IFD) de la provincia de Córdoba. Hoy, ya a mediados del segundo trimestre, se intentará complementar esas reflexiones a la luz de lo transitado.
Resumiendo, en un primer momento se volverá sobre la Modalidad Combinada – que es el modo con el que la Dirección General de Educación Superior (DGES) se refiere a lo que, en marzo, se llamó Bimodalidad – para intentar comprender qué se entiende y qué se espera de dicha modalidad de cursado. Seguidamente se preguntará si lo que ha ocurrido en los IFD ha sido esa Modalidad propuesta o ha ocurrido otra cosa. Otra cosa como resultado de implementar esta modalidad – simplemente como un decreto vertical sin el necesario armado y acompañamiento – que, es una posibilidad, ha resultado en una reducción real de la carga horaria del cursado de cada espacio curricular. Finalmente se plantea una propuesta de implementación de la Modalidad Combinada mediante la figura del equipo de Gestión de Cursada en cada Instituto.
La crítica que sostiene este texto pretende, asumiendo su insuficiencia, suministrar insumos para un debate al interior de los profesorados para que podamos elaborar estrategias situadas y podamos elevar demandas a la DGES.
Modalidad combinada
En ese primer texto se hablaba de que la bimodalidad era un concepto vacío, poco explorado. Cabe decir que un documento de 2021 de la misma DGES desmiente esa afirmación. En ese documento, la modalidad combinada – modo con el que se conoce la propuesta de cursado – se describe de un modo muy parecido al b-learning que aparecía en el texto de marzo. Una modalidad que aprovecha las ventajas de la presencialidad y virtualidad suponiendo un enriquecimiento del encuentro pedagógico.
Otro trabajo que también desmiente lo sostenido en marzo es la experiencia piloto planteada por la DGES en 2021 bajo el nombre de Programa de Formación Docente Inicial en Modalidad Combinada (ProFoDI-MC). Esa experiencia proponía implementar – de modo experimental – la Modalidad Combinada en cuatro institutos de Formación Docente de la provincia. Lo hacía específicamente en la carrera de Profesorado de Educación Primaria. Para dar cuenta de su vocación, podemos leer que su objetivo central es “… acompañar a las instituciones, docentes y estudiantes a transitar una experiencia de formación docente inicial en modalidad combinada, asistiendo en apoyo pedagógico, desarrollo de aulas virtuales, capacitación en herramientas digitales, etc. Recuperando la experiencia acumulada durante los últimos 10 años y, especialmente, los aprendizajes del año 2020, se pretende acompañar a las instituciones en la puesta en marcha de la modalidad combinada.” Puede leerse en el siguiente enclace: http://dges-cba.edu.ar/wp/index.php/profodi-mc/
Esta experiencia, además, tiene un documento en que se evalúa la experiencia de 2021 identificando problemas y virtudes del mismo. Se puede leer en el siguiente enlace: https://dges-cba.infd.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2022/03/Informe_de_Gestion_2021.pdf
A partir de estos documentos, entre otros, se puede inferir que la DGES tiene una idea de lo que entiende por Modalidad Combinada. Entonces, a diferencia esas primeras reflexiones de marzo, debemos concluir que la DGES tiene una idea clara de lo que entiende y espera de la Modalidad Combinada.
¿Se está aplicando la Modalidad Combinada en los IFD durante 2022?
En el texto de marzo se anticipaba que la implementación de este tipo de modalidad dependía de cada instituto con escasa orientación de la DGES. La directriz que bajaba a los institutos no tenía, por ejemplo, orientaciones a partir de la experiencia piloto aquí documentada. En aquella ocasión se ponía el peso de la Modalidad en porcentajes de presencialidad y se dejaba a cada docente la tarea de pensar la virtualidad. Aparece, a todas luces, un divorcio – DGES con conocimiento pero directriz pobre – que hace que los institutos no reciban la orientación adecuada.
Em marzo, se proponía desde ese texto, que la Modalidad Combinada – ahí se llamaba con el anglicanismo b-learning – requería de una estructura que va más allá del simple docente. Se podía leer textualmente:
“Cualquiera que haya transitado una capacitación a distancia conoce bien cómo se organizan estos cursos. Un material seleccionado y armado en una plataforma enriquecido, a su vez, con múltiples enlaces y recursos asociados – hipertexto – que dan el marco teórico del tema. Aparecen espacios de encuentro diacrónicos y sincrónicos que permiten un acercamiento – siempre mediado – entre docente y estudiantes. Finalmente, una hoja de ruta organiza ese cursado hasta el último detalle dando cuenta de un itinerario propuesto. Es un formato que funciona muy bien para módulos cortos. No obstante, la evaluación, como siempre, es otro tema. Siempre compleja, en estos casos se complejiza mucho más.»
Entonces ¿ha ocurrido este tipo de formación en los IFD? Para saberlo deberíamos averiguar si se han usado hojas de ruta, si ha habido esa selección de textos, si se han habilitado encuentros sincrónicos y diacrónicos, si ha habido una secuenciación y un seguimiento claro en cada espacio curricular.
La pregunta no es banal. Hay encuestas de satisfacción sobre la modalidad – planteadas en la mitad del curso en los IFD donde el autor se desempeña – en que porcentajes muy elevados de docentes y estudiantes valoran positivamente la experiencia que ha ocurrido en las instituciones. Pero no está claro a qué se da la valoración positiva. Puede ser que lo que se valore es que la modalidad planteada en los institutos – esto es, una semana presencial y otra virtual – es la disposición del tiempo. Tener presencialidad cada quince días facilita el cursado de estudiantes con carga laboral y familiar importante. Si esto puede ser así, es una tarea – se ignora el grado en que se está haciendo – de cada Institución poner el foco en esta pregunta. Observar y calibrar el uso de la Plataforma educativa, la periodización y el tipo de tareas, el modo en que se ha abordado el cursado, debería ser un prioridad para comprender lo que ha pasado en este curso.
Si el resultado de esta observación arroja un pobre uso del tiempo virtual, cabrá suponer que la hipótesis que se planteaba en marzo – esto es, sobre la reducción de carga horaria de cada espacio curricular a partir de la implementación de la Modalidad Combinada – se ha confirmado. Puede ser que, al valorar lo transcurrido en este curso, lleguemos a la conclusión que lo que nos ha ocurrido es una reducción efectiva de carga horaria con selección de temas y reducción en la profundización de los conocimientos curriculares. Si esto es así, no podremos estar satisfechos – DGES, los IFD, docentes y estudiantes – del curso 2022.
Propuesta Modalidad Combinada 2023
Si la Modalidad Combinada se plantea como una opción real, más allá de porcentajes de tiempo como guía, debería implementarse con solidez. La solidez, se propone desde estas líneas, se la puede dar una organización con figuras clave que le puedan dar sentido.
Las dos figuras centrales siguen siendo la persona docente y la persona estudiante. El encuentro pedagógico descansa en esta relación. Pero esta relación puede tener un contexto favorecido por otras figuras. Más allá de los equipos directivos y de un entorno edicilio óptimo – aquí podemos meter el recordatorio sobre el estado de las obras el nuevo edificio del IFD Mariano Moreno en Bell Ville – si se opta por la Modalidad combinada hay que integrar nuevas figuras.
La figura que sería clave en el aprovechamiento real de la Modalidad Cominada es la que cumple la función de Gestión de Cursada. En un tiempo en que los docentes no disponen aún de una formación en el uso pedagógico de la virtualidad y que, al mismo tiempo, el estudiante de los IFD tampoco tiene entre sus saberes el de seguir estudios mediados por TIC, la función del Equipo de Gestión de Cursada sería acompañar en el planteamiento pedagógico de cada espacio curricular en este tipo de Modalidad.
Este equipo ya funciona, por ejemplo, desde hace mucho tiempo en el Instituto Superior de Estudios Pedagógicos (ISEP) acompañando todos sus módulos de formación. Es un equipo que temporaliza la cursada junto al docente, coloca hitos, sitúa en el calendario acciones que deben ser llevadas a cabo por el docente y por los estudiantes, tiene cuidado del diseño de navegación del aula virtual particular, da soporte al docente y a los estudiantes en cada duda que se les presenta, etc. Es un equipo numeroso y capacitado para este acompañamiento.
Esta opción la conoce perfectamente la DGES. Está presente, por ejemplo, en la experiencia piloto de 2021 y ha generado, además, material apropiado para acompañar espacios curriculares del Profesorado de Educación Primaria. http://dges-cba.edu.ar/wp/index.php/profodi-mc-itinerarios-pedagogico-didacticos/
Como propuesta, la DGES debería nombrar un equipo por IFD – en función del número de carreras debería estar integrado por dos o más personas – con las funciones de acompañamiento bien definidas: Generar con cada profesor una hoja de ruta, una navegabilidad del aula, una temporalización didáctica y tener, además, la capacidad de acogida virtual y de adaptación a las diferentes circunstancias que se dan en un IFD. Obviamente, y en este punto el sindicato debería estar más que atento, estas plazas deben tener la cobertura y la asignación presupuestaria adecuada.
Esta figura operaría para que la Modalidad Combinada – presencialidad enriquecida mediante entornos virtuales – fuese realmente el aprovechamiento de las virtudes de las dos modalidades y evitase los contratiempos que ambas ofrecen.
Finalizando, la voluntad de este escrito es que se pueda debatir una propuesta de cursado que afecta a toda la comunidad educativa. Pensar en la modalidad más adecuada en función de la realidad situada que nos rodea. Puede ser que diferentes espacios curriculares con sus docentes y el equipo que los acompaña hayan conseguido buenos resultados en esta provisoria modalidad. Es un tipo de conocimiento muy valioso que deberá ser compartido en este tipo de debates.
Muchas gracias