
En este tiempo entre seminarios retomo las lecturas y relecturas de Emanuel Levinas. También es un tiempo – más extenso, más indeterminado – de un “entre” maneras de habitar el mundo en comunidad. Entre un mundo que se desmorona y uno por venir constatamos la presencia – gritona, ostentosa de su ignorancia, orgullosa de su no saber, saciada con su insolidaridad – de un individualismo agresivo y cruel.
Parecería, por lo que escribo, que asumo que esta presencia no será suficiente para dinamitar proyectos humanos – siempre difíciles – de cohabitar con el otro, vivir en lo diverso, construir desde disensos. Proyectos humanos que demandan tiempo, escucha y poder imaginarnos de otros modos. Puede ser.
Pero hoy, en “Humanismo del Otro Hombre” del filósofo lituano, me encontré con unas palabras que escribió en 1941 León Blum – dirigente socialista francés – en la cárcel de Bourassol en medio de la ocupación nazi: “Nosotros trabajamos “en” el presente, no “para” el presente. Cuántas veces, en las reuniones populares, he repetido y comentado las palabras de Nietzsche: Que el futuro y las cosas más lejanas sean la regla de todos los días presentes”.
Levinas toma estas palabras como muestra de nobleza y de la posibilidad – necesidad – de pensar siempre más allá de los oscuros nubarrones que nos rodean. Escribe que “… actuar para las cosas lejanas en el momento en que triunfaba el hitlerismo, en las horas sordas de esta noche sin horas – independientemente de cualquier evaluación de “fuerzas en presencia” – es, sin duda, la cima de la nobleza.”Entonces, sí, empezar a pensar cómo haremos – en plural y en comunidad – la transición entre mundos que permitan que las vidas, todas, sean vivibles. Aunque no lo veamos, empecemos.
Termino con una referencia a Hanna Arendt. Ella sostiene que el ser humano – si se puede definir por algo – es aquel que tiene la capacidad de empezar. Sí, empecemos.







