Hace unos días volví a ver una película a la que suelo regresar: “El milagro de Milán” de Vitorio de Sica. Esta vez me quedó resonando la idea sobre el significado de dar los buenos días. El personaje principal saluda a todo el mundo de ese modo. Es importante ese saludo. Deseo “buenos días” al otro. Un otro que puede ser amigo, vecino, de mi “cuerda” e incluso aquel con quien no me entiendo o piensa muy diferente. Puede ser ese otro con el que comparto espacio y tiempo y no elijo. La cohabitación, el vivir con el otro, no se elige y no se puede elegir.
Es posible que hoy salgan a la calle a protestar algunos vecinos míos. Personas con las que convivimos y compartimos espacios comunes. Personas que en condiciones normales marcharían y esgrimirían sus reclamos y personas que, a su vez, me verían marchar en otras ocasiones por reclamos con lo que difieren absolutamente.
Yo tengo muchas ganas de ocupar la calle para pedir por la ley de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, muchas ganas de pedir una reforma integral de las policías y su radical transformación como cuerpos democráticos. Quiero marchar contra el uso y aprobación de agrotóxicos y quiero poder pedir por un impuesto a las grandes fortunas y la lucha contra la existencia de paraísos fiscales.
Pero en este tiempo excepcional creo que es necesario comprender el significado del “buenos días”. No es por mi interés personal sino por el otro. Al inicio de la pandemia escuché una frase que me dio que pensar: “Cualquier medida planteada frente a la pandemia al inicio parece una exageración. Cualquier medida planteada vista después de los brotes parece que se quedó corta”.
En este momento de interrupción de lo esperado no puedo más que confiar. Confiar en los diferentes gobiernos y organismos – OMS, nacionales, regionales, locales – aún a riesgo de que se equivoquen. Yo ya me he equivocado demasiadas veces en la interpretación de lo que ocurre y creo que la prudencia me pide silencio. Silencio y confiar. Confiar en el otro. En el que va a tener que tomar decisiones muy difíciles, en los que van a aconsejar desde la Ciencia y en mis vecinos entre los cuales los hay que pasan y pasarán situaciones muy difíciles.
Volviendo a la película, el personaje principal se caracteriza por la empatía, por ponerse en el lugar del otro, por la ternura que nos acerca al otro. Hay una palabra que he encontrado en los últimos tiempos que atraviesa la obra del filósofo lituano Emanuel Levinas y resuena en los trabajos de otro filósofo, Josep Maria Esquirol. Esta es la BONDAD. En la bondad ya está implícito el otro, el cuidado del otro.
Soy muy crítico con nuestras sociedades, su falta real de democracia, la precariedad de los cuerpos, la terrible inequidad y la diferencial distribución de la violencia. Soy muy crítico con nuestras sociedades en las que se alenta el individualismo y se devalúa lo común, lo público, lo que nos acerca al otro. Soy consciente del estado de excepción permanente al que nos ha llevado el neoliberalismo.
Pero en este momento el modo de cuidar al otro es quedándose en casa, disminuir los movimientos y tender una mano – en lo posible – a los que podamos. Espero que sean muy pocos los que hoy salgan a marchar. Y no lo espero por que difiero de su mirada sino por que me gusta pensar que puedo confiar en ellos aunque estén en absoluto en desacuerdo conmigo. La Política – su acción y decisión son políticas – está hecha de diferencias y desacuerdos.