Reescribo este texto a la luz del resultado histórico ocurrido en Diputados a favor de la legalización y despenalización del aborto. Escribía – hace ya semanas – que estos días iban a ser propensos para que leamos y escuchemos diferentes argumentos sobre la posibilidad de legislar en favor o en contra de la despenalización del aborto. Me parece que puede ser bueno tomarnos un tiempo, leer, escuchar y poder elaborar nuestras propias opiniones y, de este modo, ayudarnos, como comunidad, en una decisión de fuerte impacto social.
Para definir mi opinión intentaré enmarcar la discusión en tres planos para poder sacar una conclusión que nos ayude en el pensar. Lo haré, en primer lugar, desde las creencias morales. En segundo lugar desde la discusión científica. Finalmente, en tercer lugar, lo haré desde la cuestión del cuerpo. Todo ello puede ayudarnos a sostener una posición desde el punto de vista político.
Una cuestión moral
Como siempre en los inicios de una clase de Ética se marca la diferencia entre ésta y la Moral. Para no ahondar en definiciones podríamos resumir que la Ética es la parte de la Filosofía que se pregunta por las acciones humanas y la Moral sería el conjunto de normas socialmente compartido por un grupo o un colectivo de una comunidad en un momento dado.
En el debate sobre la despenalización del aborto se erige como problema principal el establecer el momento en que se configura una vida propiamente humana. En este se entrecruzan diferentes credos y creencias de orden moral que son asumidas como categóricas por diferentes grupos.
Hace poco tuve la oportunidad de escuchar un argumento que puede ser interesante como muestra. La vida, dice este argumento, es un don que no nos pertenece, nos ha sido dado. Frente a esta no pertenencia, se deduce la imposibilidad de actuar frente a ella tanto en su supuesto inicio como en el supuesto final. Bajo esta perspectiva se entiende la posición contraria a la intervención e interrupción de cualquier embarazo.
El problema es que esta creencia se sostiene desde la fe. La fe es algo que se tiene o no se tiene. Incluso, el objeto de esa fe es diverso como lo atestiguan las diferentes iglesias que conviven en nuestro país. La diversidad de creencias morales, de puntos de vista, de credos – incluyendo el ateísmo – es la riqueza de las sociedades plurales y democráticas.
Moralmente hay diversidad de opiniones sobre este tema y no hay – ni puede haber – preeminencia de ninguna sobre las otras.
De este modo vemos como los debates morales están atravesados por la diferencia y diversidad de modos de ver. No hay forma de encontrar una superioridad de una visión sobre otra. La meta de toda declaración universal de los derechos de las personas es llegar a un piso mínimo común. El concepto de ser humano es complejo y ese acuerdo mínimo entre culturas – siempre sujeto a revisión – es sobre el que se han erigido los Derechos Humanos.
Parece pues muy difícil, en este primer plano, llegar a un acuerdo sobre lo que es un ser humano y, por tanto, un sujeto de derechos en una sociedad como la nuestra.
Una cuestión de Ciencia
Si la discusión descansa en el intento de contestar la pregunta ¿en qué momento, a partir de la unión de un espermatozoide y un óvulo, se puede hablar de vida humana?, parece sensato, en nuestra sociedad, apelar a la Ciencia. Somos una sociedad que confía nuestras dudas médicas, pedagógicas, empresariales o de cualquier índole a un conjunto de personas que consideramos expertos en la materia. Somos una sociedad que le da valor de verdad a lo que la Ciencia afirme[1].
Sucede pero que en el debate sobre el inicio de la vida humana no hay acuerdo. En todos los debates que se han generado en otros países – ya son muchos los países que han transitado nuestra situación – la Ciencia no ha conseguido un acuerdo de mínimos. Cada una de las diferentes visiones ha aportado a sus expertos que sitúan el momento del inicio en puntos diferentes del desarrollo fetal. No hay en las revistas especializadas resultados concluyentes que puedan apoyar una u otra opción.
Para redactar este texto he buscado diferentes fuentes y hay controversia. Una de las revistas más prestigiosas de Ciencia, la norteamericana Scientific American, asume la posibilidad de que la vida humana pueda fecharse meses después de la unión. Por otro lado, Langman, en un libro titulado Embriología Médica, sostiene que el desarrollo de un individuo comienza con la fecundación.
Sí me ha parecido muy interesante rescatar un artículo que había leído hace muchísimo de un teólogo español, Enrique Miret, que me parece que coloca el problema, en el lejano 1983, en un enfoque muy interesante. El desacuerdo le lleva a decir “No podemos, por tanto, manipular ni usar ingenuamente argumentos biológicos, pues no es esta ciencia la que puede dirimir la cuestión de fondo.”(Miret, 1983). El autor auspicia, en esa cuestión de fondo, un debate al interior de la comunidad de creyentes que la tome en cuenta.
Parece que, en este campo, tampoco la Ciencia va a conseguir sacarnos del atolladero. Lo único seguro es el desacuerdo. No aparece una solución en la comunidad científica que nos permita a nosotros, ciudadanos comunes, y – especialmente – a legisladores, tomar una decisión definitiva.
A partir de esta imposibilidad y dar paso al tercer plano, me parecen muy valiosos los argumentos que el biólogo Alberto Kornblihtt ofreció en la comisión del debate en el Congreso de Diputados. La unión entre espermatozoide y óvulo es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de una vida humana. El cuerpo de la mujer es el que aportará lo necesario para poder llegar a desarrollar un ser humano.
Cuerpo
Si ni la cuestión moral ni la cuestión científica pueden llegar a una conclusión aparentemente definitiva ¿qué otro punto podemos tener en cuenta? En este caso empiezo a escribir con un cierto pudor. Hablar desde lo que puede vivir una mujer siendo hombre necesariamente implica hacerlo con muchísimo cuidado.
La antropología tradicional nos ha hablado de la concepción del ser humano como dual: cuerpo y alma. Esta visión hace mucho tiempo que ha sido impugnada y la diversidad de miradas es enorme. Lo que sí parece indudable es que somos cuerpo. Nuestro modo de estar en el mundo es corporal.
Nosotros decidimos sobre nuestro cuerpo. Lo cuidamos, tratamos de protegerlo. Si alguna vez decidimos dar un órgano es una decisión personalísima. Nadie tiene derecho a decidir sobre nuestro cuerpo.
Si esto es así, si nadie puede decidir sobre nuestro cuerpo. Si, a su vez, el desarrollo de una vida humana – la cual somos incapaces de ponerle un inicio como hemos argumentado anteriormente – ocurre en el interior del útero. Entonces parecería que la única persona que puede tomar la decisión de continuar o no un embarazo es esa mujer.
Vuelvo al argumento del Dr. Kornblihtt. Sostiene que la unión de un espermatozoide y un óvulo es condición necesaria pero no suficiente para generar nueva vida humana. Es necesario el aporte del cuerpo de la mujer – sea cual sea la posición que defendamos – mucho más allá de ser mero receptáculo. De este modo la decisión para continuar o no un embazado recae íntegramente en la mujer.
Decidir sobre el cuerpo de una mujer como si estas solo fueran “paridoras” es un modo de violencia a mi juicio intolerable. Es violencia obligar a alguien a modificar su cuerpo contra su voluntad. La mujer, que es cuerpo, debería tener la última palabra.
Conclusión
Una ley que regule el aborto, lo despenalice y permita que una mujer pueda llevarlo a cabo en condiciones seguras dentro de un tiempo prudencial es una muy buena noticia. Los argumentos que he intentado desarrollar plantean que la discusión sobre el inicio de una vida humana no está zanjada desde lo moral ni desde la ciencia. Ante esta imposibilidad, siendo conscientes de que los abortos clandestinos se hacen, esta ley viene a ayudar a muchas mujeres a que puedan tomar una decisión siempre difícil.
Coincido también con el hecho de que se ha pedido, desde las diferentes posiciones, un desarrollo sin demoras de la Ley de Educación Sexual Integral vigente. La información siempre será un primer paso para prevenir embarazos no deseados así como diferentes enfermedades de transmisión sexual (ETS).
Finalizo abriendo una reflexión que me parece notable. El debate que ha ocurrido en nuestro país ha sido, en general, modélico. Lo ha sido porque ha habido diálogo en el sentido de poner en duda las convicciones propias. Muchas han sido las personas que han modificado opiniones previas a raíz de argumentos leídos desde el querer saber. Este diálogo abre posibilidades de desarrollo político que tal vez no deberíamos dejar de lado.
[1] Conviene siempre ser muy escrupuloso con lo que afirman los expertos porque todo conocimiento no deja de ser una construcción con supuestos que se sostienen y que pueden, en un momento dado, ser refutados. Recomiendo los dos artículos que se pueden leer en este enlace donde se reflexiona sobre la construcción de saberes en las ciencias. https://medium.com/@francescllorens/sobre-los-límites-de-la-investigación-en-ciencias-sociales-o-la-vara-de-medir-medida-i-f3c0faa7f35b